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Ángeles en la Literatura. Por José Julio Perlado

 

 

 

 

Viene la Navidad. Y que los ángeles de la literatura, de la pintura y de la música, de los pensamientos, los poemas y las prosas nos acompañen.

 

                                       (José Julio Perlado)

 

 

 

Ángeles en la Literatura. Por : José Julio Perlado

 

 

 

“Lo que iba a advenir podía descender tranquilamente sobre la alfombra – escribe Kafka – y anunciarme lo que tuviera que anunciarme. Apenas acabé, el cielo raso se abrió realmente, de golpe. Desde una gran altura, yo la había calculado mal, iba descendiendo lentamente en la penumbra un ángel vestido con paños de color violeta azulado. Ceñido por cordones dorados, sostenido por unas alas blancas, de un resplandor de seda; en su brazo alzado, tendida horizontalmente, la espada. “¡Así que es un ángel!”, pensé, “ha estado volando hacia mí todo el día y yo, con mi falta de fe, no me he dado cuenta. Ahora me hablará”.

Escribe Kafka este bello relato el 25 de junio de 1914 y deja constancia de él en su “Diario”: ese ángel que abre el techo de la habitación donde está el escritor y desciende con sus alas blancas.

 

 

 

Ángeles en Kafka, ángeles en Rilke, ángeles en Alberti, ángeles en Gerardo Diego y en muchos otros más.

Ángeles también en la pintura: ángeles de Fra Angélico, ángeles del Greco, ángeles de  Ribera, ángeles de Murillo, ángeles de Zurbarán, ángeles de Velázquez, ángeles de Rizzi, ángeles de Van Eick, ángeles de Poussin,  ángeles de Nicolás Francés…

En Rilke, las “Elegías de Duino” cantan de una u otra forma al ángel, que allí aparece diecinueve veces. La madre del poeta – cuenta Angelloz en su estudio sobre Rilke – debió, quizá, hablarle de su ángel guardián. “No nos asombremos – prosigue Angelloz . que haya considerado ante todo al ángel como un habitante de los cielos, donde rodea a la Madona con su canto de alegría, como un mediador entre el hombre y el país de los querubines”.

 

 

 

 

 

 

“Es propio de nosotros no saber la salida

que  hacia fuera del interno laberinto conduce;

tu  aparecer sobre nuestros obstáculos

y  tu brillo los ilumina como una gran montaña.

Tu alegría está por encima de nuestro reino,

y asimos apenas la condensación;

como  la pura noche del equinoccio de primavera

te  alzas y reparas el día del día”.

 

 

Así escribe Rilke mientras en la pintura figuras de ángeles vuelan y vierten sobre nosotros imágenes distintas. Querubines y Serafines se representan a veces sólo con cabezas y dos o tres pares de alas; Serafines rojos llevan un cirio; Querubines azules y en ocasiones de dorados amarillos, llevan un libro; después, Dominaciones coronadas sosteniendo orbes o cetros, Virtudes con azucenas y rosas rojas, Potencias con armadura y por todas partes mensajeros celestes, en ocasiones ángeles músicos; otras, ángeles adolescentes o engalanados con ropajes sueltos.

Ángeles también de lluvia, ángeles de niebla, ángeles de rocío, ángeles nocturnos de Gerardo Diego:

“Yo soy el ángel de ritmo y de lluvia,

el mensajero llovido del cielo.

Yo soy el alma flotante que efluvia

sueño  y olvido, frescura y consuelo.

(…)

Yo he sido rayo, centella, granizo

y  hoy soy apenas sesgada ceniza.

Ángel me era rizoso y cobrizo.

Ángel me soy que el cabello desriza.

(…)

Yo soy hamaca, tamiz y cortina

Yo soy el límite, el cielo en la mano.

Yo el trujamán de la mente divina.

Yo soy el ángel celeste y humano”.

 

 

 

 

 

Viene entre brumas la Navidad y viene Alberti, viene su “Ángel bueno”:

 

 

 

“Vino el que yo quería,

el  que yo llamaba.

No aquel que barre cielos sin defensas,

luceros sin cabañas, 

lunas sin patria,

nieves.

Nieves de esas caídas de una mano,

un nombre,

un sueño,

una frente.

No aquel que a sus cabellos

ató la muerte.

El que yo quería.

Sin arañar los aires,

sin herir hojas ni mover cristales.

Aquel que a sus cabellos

ató el silencio.

Para, sin lastimarme,

cavar una ribera de luz dulce en mi pecho

y hacerme el alma navegable”.

En una carta a W. von Hulewicz, Rilke confesaba:

“El ángel de las “Elegías” es esta criatura en la cual la transformación de lo visible en lo invisible, que nosotros vamos realizando, aparece cumplida ya. (…) Todos los mundos del Universo se precipitan en lo Invisible, como en su más próxima y profunda realidad: algunas estrellas se sublimizan inmediatamente y se pierden en la conciencia infinita de los ángeles; otras deben conformarse con seres que lenta y penosamente las transforman, en el horror y el arrebato, cuya más próxima e invisible realización alcanzan. Somos, en el sentido de las “Elegías”, los transformadores de la tierra; nuestra existencia entera, los vuelos y las caídas de nuestro amor, todo nos vuelve aptos para esta misión (a cuyo lado no existe en verdad ninguna otra)”

 

Viene la Navidad. Y que los ángeles de la literatura, de la pintura y de la música, de los pensamientos, los poemas y las prosas nos acompañen.

 

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  • Amando Carabias

    diciembre 14th, 2011

    Como siempre, delicado artículo José Julio. Los ángeles esos personajes que siguen dando para que la imaginación de los artistas siga reflexionando sobre su misterio y su razón de ser.

  • catherine

    diciembre 17th, 2011

    Un mensaje navideño muy bien argumentado e ilustrado.
    Ahora se acabó, con la primera imagen, la disputa sobre el sexo de los ángeles.

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