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Esos personajes que conoces…”Yo fui Johnny Thunders” de Carlos Zanón. Por: Elías Gorostiaga.

Ya no oigo llorar a mi hijo, creo que el que llora es otro bebé de Barcelona o todos los otros bebés que lloran en Barcelona. Todas las noches de las últimas noches así, me levanto y tropiezo con las paredes, el armario, el quicio de la puerta, cada hora, acunarlo y volver a la cama esquivando los golpes de antes, que siguen ahí esperándome, para intentar dormir otra hora antes de que mi bebé o cualquier otro de los que oigo llorar, llore de nuevo. Y así es como me pilla en este punto, leyendo a “Yo fui Johnny Thunders la última novela de Carlos Zanón, un poeta de la cuadra de poetas de la editorial Playa de Ákaba.

Un escritor de poesía negra y de novelas poéticas transcritas desde un callejón, poéticas, duras, yonkis, llenas de perdedores de la vieja escuela, de la vieja Barcelona de siempre, esa de Francisco Casavella porque si en Barcelona hay alguien que herede a Casavella, este es Zanón. La vieja escuela es la del sexo, drogas y rock & roll, esa es de la que se habla aquí que al igual que Cervantes con los libros de caballerías, Zanón con una sola de sus páginas puede conseguir alejar del caballo a los nuevos adictos, y eso en un tiempo en el que el jaco parece volver a tomar las calles y las venas de sus jóvenes.  ( Elías Gorostiaga).

 Esos personajes que conoces…”Yo fui Johnny Thunders” de Carlos Zanón. Por: Elías Gorostiaga.

autorLa novela da gusto leerla, es una novela de género con personajes que conoces de cuando te tomas el primer café de la mañana en el bareto del barrio y aparecen ellos, los personajes, los que no han puesto el pie en casa, o los que salen en chándal con gafas de sol y una discusión con la parienta en la memoria y se van directos al bar a gastarse el dinero en la tragaperras que está caliente.  Z, ha llenado su novela de música, de músicos que salieron de casa jóvenes y equivocados y volvieron con los bolsillos llenos de cadáveres y el tatuaje de un gato en el hombro, en todo caso son personajes que conoces, de los que alguien te ha hablado alguna vez, a los que has invitado, incluso admirado, acudiste a alguno de sus conciertos y pensabas que eran dioses, los reyes del mambo, y ahora resulta que no, que cuando vuelven mohínos, tristes, solos, han perdido el puesto, la moda ya no les reconoce y se encuentran con un padre viejo y vencido y colegas de colegas que te tratan como una mierda, por eso pierden porque nadie les respeta, nadie les recuerda, nadie salvo alguna mujer, son ellas las mujeres de Zanón, las que terminan salvando los platos de la vajilla, las que mueren y las que salvan, sabe perfectamente el autor que con las mujeres, con algunas, siempre se está en deuda, ya sean editoras o camareras, siempre hay una deuda que pagar y las que te estimulan para seguir. Esta novela como las anteriores, como sus poemas, mantiene el ritmo y la tensión, la justa, la que necesitan las cuerdas de la guitarra para que no suenen a alambre y así te va llevando de canción en canción por sus paisajes, amigos, hermanas mayores, hermanas medianas y pequeñas y te da lo que te va prometiendo por el camino, Zanón (que tiene amigos músicos) no escatima, no menudea, rápido, directo y hasta dentro, es cuando sin darte cuenta te has comido la mitad de la novela y solo el sueño, te obliga a dejar la otra mitad para mañana y para mi eso es escribir y esta, su última novela.

 

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