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Eugenio Ochoa. Escritor, Intelectual y Activista Romántico. Por Virginia Seguí

 

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. Federico Madrazo

 En este estudio sobre las particularidades del , Virginia Seguí pone en valor algunas características propias del movimiento, distinto en parte de su homólogo europeo, en primer lugar por ser un fenómeno tardío y en segundo lugar por tener menor capacidad de difusión en el resto de Europa.

Dentro del cuadro general que se nos relata, destaca una figura romántica por excelencia.

Y no sólo eso, sino un artista completo, un humanista en el recto sentido de la palabra.

La labor de creación y difusión de Eugenio Ochoa, es una de esas tareas hoy olvidadas en medio de un siglo tan convulso para nuestro país; un momento histórico en el que, figuras como la suya, contribuyeron a difundir con su activismo no sólo el Romanticismo como movimiento literario sino las ideas que lo conformaron. Virginia Seguí nos acerca a su vida y obra.

 

 

 

 

 

 

Eugenio Ochoa,  intelectual y  activista romántico. Por Virginia Seguí

Un romántico. por Federico Madrazo

Un romántico. por Federico Madrazo

El romanticismo español ha sido siempre problemático, sobre todo para los investigadores españoles, que como no encontraban a las creaciones literarias y artísticas de este periodo a la altura de las de otros siglos como, por ejemplo, el XVII al que se conoce como Siglo de Oro; fueron dejando su estudio para mejor ocasión; permitiendo así que fueran investigadores extranjeros, hispanistas, los que realizaran los mejores estudios sobre este periodo de nuestra historia, nuestras artes y nuestras letras.

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Ilustración de la revista realizada por Federico Madrazo

Algunos ejemplos de esto son los trabajos de Peers, Shaw, Levejoy, Wellek, Peckhan, Sarrailh, Castro, Kirkpratick, y tantos otros; considerados esenciales para estudio del romanticismo español, tras esto, algunos españoles comenzaron a interesarse por sus teóricas y con motivo de discutirlas y/o apoyarlas comenzaron a analizar ellos mismos las características y manifestaciones del movimiento destacando los estudios de Rojo, Llorens, Del Río, etc.; esto con el tiempo ha ido variando y ahora son muchos los españoles que se dedican al estudio del romanticismo español y, en general, de todos los movimientos artísticos y literarios producidos en la España del siglo XIX.

Una de las más importantes conclusiones de todos estos estudios es que el romanticismo es en realidad un proceso evolutivo que afecta a todos los órdenes de la vida, no solo a las manifestaciones artísticas, y que necesita unas condiciones históricas y sociales que permitan su desarrollo; esto impide la coincidencia cronológica ya que el movimiento se desarrolla de forma distinta en cada país, en función precisamente de todas estas condiciones. Hoy día está claro que en España hubo un movimiento prerromántico durante el siglo XVIII durante la cual germinan las ideas y la sensibilidad que han de llegar a la plenitud durante el romanticismo propiamente dicho preparando el terreno para que después, cuando los acontecimientos históricos lo permitieron, el romanticismo diera sus mejores frutos; algo que no sucedió hasta 1833 tras el fallecimiento de Fernando VII que supuso la caída del absolutismo y permitió el regreso de los exiliados.

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Por otro lado las características propias del romanticismo no se dan con la misma intensidad en todos los países ni entre los propios artistas; sino que cada uno de ellos desarrolla una o varias de sus tendencias o facetas más intensamente es, en realidad, el paradigma de la singularidad y la individualidad. Entre Sátira del suicidio  romántico.  Alenzaestas tendencia o características destacan: el retorno a la Edad Media, el amor por lo exótico, la rebelión contra la razón, la vindicación de lo individual, la liberación de lo inconsciente, la reacción contra los métodos científicos, el renacimiento del panteísmo o del idealismo del Catolicismo, el rechazo de las convenciones artísticas, el retorno al emocionalismo y la vuelta a la naturaleza o lo primigenio.

Cierto es, también, que las figuras representativas en el arte y las letras del movimiento romántico español, salvo excepciones, no tuvieron la misma trascendencia y relevancia que algunos de los artistas de otros países quienes, por otra parte, al ser los primeros en el tiempo fueron ejemplos a seguir y sus obras tuvieron fuerte repercusión en el resto de países; no obstante el romanticismo español tuvo personalidades importantes en el mundo del arte y de las letras que bien merecen su estudio y la recuperación de sus trayectorias vitales y actividades que tan importantes fueron, en su momento, para el propio desarrollo del movimiento.

Eugenio Ochoa es uno de estos personajes con los que la historia tiene una deuda al haberle relegado al olvido ya que fue un activista romántico de primer orden. Nuevamente encontramos el problema de los estudios de los críticos y expertos españoles que han dejado que un extranjero quien estudie y reivindique su figura; en este caso Donald  Allen Randolph con su obra Eugenio Ochoa y el romanticismo español.

Eugenio de Ochoa y Montel nació en 1815 en la localidad de Lezo en la provincia de Guipúzcoa. Parece probado que pese a su apellido era hijo natural del famoso abate Sebastián de Miñano, al que

Alberto Lista

Alberto Lista

el escritor llamaba tío, y que se ocupó de que recibiera una educación adecuada y fuera un hombre de bien. Estudió en el Colegio de Alberto Lista siendo un discípulo entusiasta; tras su cierre continuó sus estudios en el Colegio de Santo Tomás y, finalmente, se trasladó a París como pensionado por Fernando VII en la Escuela Oficial de Artes y Oficios; destacó en los estudios de pintura y todo parecía indicar que tendría un gran porvenir como artista dentro esa disciplina, pero una enfermedad de la vista le obligó a dejar los estudios; cuando viajó a París en 1828 tenía 13 años y permaneció en la capital francesa hasta 1834 siendo testigo y partícipe del desarrollo del romanticismo francés en primera línea.

Su regreso se produjo en las mismas fechas que el de los exiliados y pronto volvió a contactar con su ilustre profesor entrando a trabajar en la redacción de la Gaceta de Madrid de la que Alberto Lista era director; apenas contaba veinte años cuando puso marcha la revista literaria y artística más interesante del romanticismo español: El Artista, sus mentores Miñano, Lista, Hermosilla, Burgos, Reinoso y otros le habían preparado para ello enseñándole los secretos del periodismo. Por otro lado su formación artística acababa de dotarle de las cualidades necesarias para dirigir una revista ilustrada en la que se difundieran todas la facetas del romanticismo.

PortadaElArtista1835Ochoa buscó el apoyo de su amigo y compañero parisino Federico de Madrazo que se hizo cargo de la parte artística de la revista que tenía su antecedente en la revista francesa L’Artiste que ambos habían conocido durante su estancia en la capital francesa.

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Ilustración. Marías en el Sepulcro. Federico Madrazo

La publicación apareció a principios de 1835 y siguió activa hasta abril de 1836; en estos catorce meses de fructífera vida en sus páginas vieron la luz artículos de diversos géneros y temáticas; estuvo presente la crítica artística  a cargo de pintor Valentín Carderera; Lista y Quintana firmaron las entradas de la galería de retratos y biografías; se incluyeron poemas de algunos de los autores más representativos del movimiento entre ellos Espronceda y Zorrilla.

ColaboradoresElArtista_Madrazo

La crítica musical corrió a cargo del músico Santiago Masarnau. En la parte literaria participaron, entre otros, Pedro de Madrazo, Cecilia Böhl de Faber, Bretón de los Herreros, el marqués de Valmar, Patricio de la Escosura, Bartolomé José Gallardo, Nicasio Gallego, González Bravo, José Madrazo, Julián Romea, Telésforo Trueba y Cossio y Ventura de la Vega, Pastor Díaz, Juan María Maury y el propio Ochoa que firmó la cuarta parte de las entradas de la revista; por su parte José Negrete, conde de Campo Alange, fue un colaborador además de un buen apoyo económico para Ochoa. En la parte ilustrada participaron varios artistas para realizar las 97 obras publicadas; las mayores aportaciones fueron de Federico de Madrazo que realizó 41 de las estampas y Carlos Ribera con 20.

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Poesía. Mi Musa. Eugenio Ochoa. El Artista. 1835

Ochoa dijo sobre su revista que:  “Al fundar El Artista, no ha sido otro nuestro intento que el de despertar en nuestra patria el gusto por las bellas artes, que tanto ennoblecen a los que las cultivan y que entre nosotros son el objeto de una indiferencia hato dolorosa; y abrir, al mismo tiempo, una tribuna en que pueden emitirse libremente todas las opiniones, en punto a las materias que pertenecen a nuestro dominio.”

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Pobre María. Composición musical colaboración Santiago Masarnau y Eugenio Ochoa. El Artista 1835

Su trabajo como periodista no cesó por el cierre de su revista ya que Ochoa siguió escribiendo y colaborando con otras revistas de la época como El Renacimiento, El Semanario Pintoresco Español, El Álbum pintoresco UniversalLa España, El Heraldo y muchos otros.

George Sand. Aurore Dupin.

George Sand. Aurore Dupin. Caricatura

Eugenio Ochoa realizó además muchas otras actividades importantes para el desarrollo y la difusión de romanticismo en España; una de ellas fue su trabajo como traductor, oficio que, paradójicamente, estaba mejor pagado que el de autor original y que ayudó a sobrevivir a muchos de los escritores del siglo XIX. El trabajo de Ochoa en este campo sobresale por la calidad e importancia de sus traducciones; tradujo entre otras obra obras: Bug-Jargal y Han de Islandia, Nuestra señora de París y Hernani de Víctor Hugo. De Alejandro Dumas tradujo su famoso drama Antony; en una colección de tres tomos que tituló Horas de Invierno publicó 34 relatos breves de autores españoles y extranjero; otra colección titulada Mañanas de Primavera apareció en 1837, incluyendo novelas de George Sand, Federico Souilié, Dumas y Walter Scott. Al parecer al final de su vida comentó que se arrepentía de haber traducido algunas de estas obras que fueron calificadas de inmorales como el Antony de Dumas y alguna de Sand.

En ese mismo año volvió a trasladarse a París, ciudad en la que continuo con su actividad como traductor. Realizando además otros muchos trabajos durante esta nueva estancia en la capital del Sena; a petición de la editorial Baudry dedicó también atención a autores españoles tarea a la que se dedicó con ahínco, seguramente movido también por su espíritu romántico y nacionalista; realizando varias compilaciones de obras de autores españoles de distintas épocas y géneros que fueron apareciendo a partir de entonces bajo diferentes títulos: Tesoro del teatro español desde su origen hasta nuestros días, en cinco tomos. En 1838 publicó Tesoro de los romanceros y cancioneros españoles, históricos, caballerescos, moriscos. En 1840 una especie de selección del primero de sus tesoros dedicados al teatro a la que tituló: Colección de piezas escogidas de Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Moreto, Rojas, Alarcón, La Hoz, Solis, Cañizares y Quintana. Tesoro de historiadores españoles en el que recopiló textos de Hurtado de Mendoza, Francisco de Moncada y Manuel Melo; el Tesoro de los poemas españoles épicos, sagrados y burlescos contiene oras de Ercilla, Quevedo, Villaviciosa, Lope de Vega, Balbuena, Virués, Hojeda, Meléndez Valdés y Reinosa. Tesoro de los prosadores españoles desde la formación del romance castellano hasta fines del XVIII en el que incluyó lo más selecto de la obra de Capmany Teatro histórico-crítico de la elocuencia española.

De regreso a España, en 1847, continuó con su trabajo para la casa Baudry realizando. Tesoro de novelistas antiguos y modernos, en tres tomos con obras de Antonio de Villegas, Tirso de Molina, Salas Barbadillo, María de Zayas, Vélez de Guevara, etc.; Tesoro de escritores místicos españoles, tres tomos con obras de Santa Teresa, Alejo Venegas, Juan de Ávila, Fray Luis de Granada, San Juan de la Cruz, fray Diego de Estrella, fray Luis de León, fray Pedro Malón de Chaide, las Obras escogidas de Juan Eugenio Hartzenbuch, Obras dramáticas de Antonio Gil de Zárate, Rimas inéditas de Iñigo López de Mendoza, marqués de Santilla, Ferrán Pérez de Guzmán, señor de Batres y otros poetas del siglo XV. Son especialmente importantes sus Apuntes para una biblioteca de escritores españoles contemporáneos en prosa y verso, al intentar conformar en él el movimiento literario de su tiempo.

Tesoro Escritores Místicos Españoles

Tesoro Escritores Místicos Españoles

Su trabajo en París no se limitó solo a esto sino que trabajó en diversas bibliotecas francesas realizando catálogos razonados de las obras españolas que cada una de ellas se conservaban: Catálogo razonado de manuscritos españoles existentes en la Biblioteca Real de París, seguido de un suplemento que contiene los de otras tres bibliotecas públicas, del Arsenal, de Santa Genoveva y Mazarina, publicado en 1844. Por este trabajo el gobierno francés le concedió la Legión de Honor. Además esta ocupación le permitió hacer algunos importantes descubrimientos sobre obras de autoría española de las que no se conocía su paradero; informó sobre el poema de Las mocedades de Rodrigo y localizó El Cancionero de Juan Alfonso de Baena que según se informa en el Semanario Pintoresco Español, en su número del 18 de mayo de 1856, había sido sustraído de la Biblioteca del Escorial y que Ochoa encontró en la de París; de forma que pudo sacar una esmerada copia y gracias a ello, en 1851, pudo reeditar la obra con la ayuda del marqués de Pidal.

Los clásicos también consiguieron atraer su atención y, al final de su vida, publicó estudios sobre historia y literatura latinas como las Obras completas de Virgilio editadas en 1869 por Rivadeneyra.

Sus actividades no pararon ahí y él mismo, como autor, publicó obras literarias de distintos géneros. Incertidumbre y amor y Un día del año 1823, son dos obras de teatro que fueron estrenadas en Madrid en 1835. Es autor de una docena de cuentos, en general obras de juventud, seis de ellos vieron la luz en El Artista. Es autor, también, de dos novelas: Auto de Fe de temática histórica sobre las relaciones entre Felipe II y su hijo Carlos y Los Guerrilleros, concebida como trilogía pero de la que solo apareció la primera entrega bajo el título Laureano, su trama se desarrolla durante la primera guerra carlista y en ella destacan sobre todo las descripciones de costumbres. Su producción poética no es demasiado extensa y aunque ha caído en el olvido pese a que los críticos la consideran de calidad; algunos de sus poemas aparecieron en su revista El Artista, entre otros: Ecos del alma, A Grecia, A Olimpia, El Cántico del Esposo, A mi hermano J. Augusto.

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Ilustración. París, Londres, Madrid. Obra de Eugenio Ochoa

En las páginas de El Artista también actuó como crítico, y tras su regreso a España en 1837 realizó esta misma tarea en otras revistas como La España.  Sus ensayos bajo el título París, Londres y Madrid fueron reunidos y publicados por la parisina editorial Baudry en 1861 y Miscelánea de Literatura, viajes y novelas se publicó ya en Madrid en 1867.

En 1844 entró a formar parte de la Real  Academia Española como miembro honorario y en 1847 como individuo de número. Como era habitual en muchos escritores del siglo XIX desempeñó cargos administrativos en los Ministerios de Gobernación, Comercio, Industria y Obras Pública y Gracia y Justicia; fue diputado a Cortes y Director General de Instrucción Pública y Consejero de Estado desde 1866 hasta la revolución septembrina de 1868. Monárquico confeso estuvo muy vinculado a la familia real con la que entabló relación gracias a los oficios de su padre Sebastián Miñano; llegando a ser ayo de uno de los hijos del infante don Luis de Borbón. Por encargo de la reina María Cristina acompañó al hijo menor del segundo matrimonio con Francisco Muñoz, enfermo de tuberculosis, en dos viajes que le fueron recomendados por los médicos uno por Europa visitando: Bélgica, Alemania, Polonia y Rusia y el otro por Oriente Próximo.

Contrajo matrimonio con Carlota Madrazo, hermana de su amigo, con la que tuvo diez hijos, de los que solo sobrevivieron dos: Carlos, el mayor y una niña llamada Ángela que falleció muy joven.

Como se desprende de este estudio la actividad de Eugenio Ochoa fue incesante, a lo largo de toda su vida trabajó en favor de promover la divulgación de la cultura en general y de la literatura y las bellas artes en particular, reivindicando el valor de los autores patrios de cualquier época, incluso el de sus contemporáneos sin escatimar esfuerzo alguno para que sus obras fueran conocidas tanto en España como en extranjero. Creemos que por todo ello bien merece un pequeño homenaje y nuestro reconocimiento.

Ilustración para La Canción del Pirata de Espronceda. El Artista

Ilustración para La Canción del Pirata de Espronceda. El Artista

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  • María Martín de Ochoa

    octubre 31st, 2017

    Muchas gracias por su artículo. Me gustaría corregir un error respecto a su descendencia, al menos sobrevivió otro de sus hijos, Luis Ochoa Madrazo, mi tatarabuelo

  • Alenarte Revista

    octubre 31st, 2017

    Muchas gracias por su información y un muy cordial saludo. Nos alegramos sinceramente de su interés; le pedimos excusas por omitir el dato.

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