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Feria del Libro Antiguo y de Ocasión: Historia de un abandono. Por: Alena Collar

Cuando lean ustedes este articulo la Feria del Libro Antiguo y de ocasión que se celebra todos los años en el Paseo de Recoletos, ya habrá terminado. Y al hilo de ella he querido escribir esta vez esta sección, retrasando por ello la habitual crítica de libros que suelo hacer.

La Feria del Libro, esta Feria, ha llegado este año a su 36 edición. Ha habido 42 pabellones y han participado libreros de Madrid, Barcelona, Pamplona, Sevilla y Granada.  La organiza  la Asociación de Libreros de Lance de Madrid. Se diferencia de la de Otoño, del Libro Viejo y Antiguo en que esta de primavera admite libros en stock, descatalogados, sobrantes que no se han vendido para entendernos. (Alena Collar).

Feria del Libro Antiguo y de Ocasión: Historia de un abandono. Por: Alena Collar.

 

Habitualmente la Feria ha sido un lugar de encuentro, donde incluso en los finales de los años setenta y primeros de los ochenta del siglo pasado se asistió a una verdadera eclosión de cultura alrededor de estos días. A ella iba no solo el experto en libros, el bibliófilo, o el coleccionista, sino muchísima gente aficionada que podía comprar algunos libros baratos, y disfrutar de actividades en torno al libro; muchas de ellas de modo bastante espontáneo.

Durante esos años se vieron en los stand verdaderas joyas del mundo de la literatura; primeras ediciones, libros del siglo XIX, procedentes en muchos casos de bibliotecas particulares.  Hasta los años noventa y muchos existía en España la figura del librero que compraba bibliotecas individuales; lo que se ha vendido para sobrevivir en España o por simple ignorancia de los herederos serviría para llenar un libro de lamentaciones; aunque es cierto que muchos de quienes asistían a esta Feria compraban esos libros.

Al finalizar el siglo, la cosa cambió radicalmente hasta llegar a la desolación que produce asistir ahora.

El día que quien esto firma fue, de cuatro a siete de la tarde, y cerrando al día siguiente, no pasaron por los puestos de libros más de cien, doscientas personas. Las casetas estaban vacías, y los libros a precios irrisorios permanecían sin vender. Para muestra un botón; yo compré una edición de Pereda de 1897 al precio de 30 euros; fue el más caro. Hace veinte años el mismo libro me hubiera costado el doble.

Son malos tiempos para todo, pero mucho más para los libros; se están convirtiendo en un articulo de lujo, por tanto prescindible; es comprensible, pero para alguien que ama los libros –permítanme la complicidad- es triste. Sólo salvó la tristeza la charla amigable con una librera y la música de un artista de la calle que nos amenizó con su guitarra; Tony Brandy, tan perdido por allí como los libros que esperaban dueño.

 

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  • catherine

    Mayo 18th, 2012

    ¡Qué tristeza! esos libros sin dueños.Por suerte,unos se van a casa después de un flechazo.

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