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Iconografía Cristiana. La vida de la Virgen María II. Nacimiento. Por Virginia Seguí

 Para el tema del nacimiento de la Virgen que es el que nos ocupa los textos apócrifos neotestamentarios más interesantes son los conocidos como Apócrifos de la Natividad: el Protoevangelio de Santiago y sus dos reelaboraciones latinas el evangelio llamado del Pseudo Mateo y el Liber de Nativitate Marieae. A estos apócrifos, datados a partir del siglo II se les atribuye, por los expertos, una finalidad concreta al considerarlos una especie de contrarréplica a los apócrifos heréticos anteriores; finalidad que podríamos denominar como teológica ya que defienden el honor de María particularmente en lo que se refiere a su concepción y parto virginales.

(Virginia Seguí)

: La María II. Nacimiento. Por :  Virginia Seguí .

Los libros sagrados o colección de libros incluidos en la Biblia no mencionan nada relativo a la vida de Virgen María que sea anterior a la concepción de Cristo; es decir que hasta el momento en el que el arcángel San Gabriel le anuncia la buena nueva la vida de María no tenía interés para los autores de las Sagradas Escrituras; no les interesaba más que la de cualquier otra mujer hebrea de la época, y por lo tanto su vida y su historia eran invisibles como las del resto de sus contemporáneas. Que los libros que conforman el Antiguo Testamento no hablaran de ella puede ser considerado normal; pues tampoco se refería en ellos nada relativo a la vida de Jesús. No obstante qué tampoco lo haga ninguno de los veintisiete libros que contiene el Nuevo Testamento no deja de ser algo a destacar. Pues son libros escritos en fechas posteriores al nacimiento de su hijo, datados por los expertos entre el año 45 y el 100 de nuestra era. Excluyendo el Evangelio obra de San Mateo, el resto todos ellos están escritos en griego; teniendo en cuenta que todos los hagiógrafos neotestamentarios eran de origen judío la mayoritaria adscripción de sus escritos a la lengua griega solo puede atribuirse a su deseo de obtener la mayor difusión posible de sus dogmas.

No deja de extrañar la inexistencia de referencias a la vida de la Virgen, sobre todo en los Evangelios, considerados como los libros históricos del Nuevo Testamento, y por tanto los más apropiados para ello. La justificación hay que buscarla en la suposición de  que en estos momentos iniciales del  cristianismo, lo importante para estos escritores era centrarse en la vida y obra de Jesucristo,  fundamento del dogma cristiano, para obtener la mayor cantidad de adeptos; esto hizo que sus escritos hicieran hincapié en lo más básico e importante de su doctrina.

De hecho algunos autores, incluso hoy, consideran que estos pequeños detalles que conforman la vida de la Virgen o, incluso, la infancia son aspectos pueriles y carentes de interés; aunque desde luego sean datos cruciales para aquellos que intentan representar fielmente algunos de estos instantes buscando para ello información en los libros sagrados y al no hallarla recurran a otras fuentes menos ortodoxas.

Por otro lado, al ser María y su Hijo personajes reales es inevitable que sus vidas despertasen interés ya entre sus contemporáneos y que la tradición popular recogiese el tema; aunque el cauce de trasmisión fuese inicialmente oral; y que, después, llegado un momento, esos conocimientos fueran recogidos en algunos escritos que aun no  siendo admitidos como canónicos por la Iglesia por desviarse de uno u otro modo del dogma cristiano, arrojen alguna luz sobre la cuestión; eso es lo que ocurre con los denominados Evangelios Apócrifos  de Nuevo Testamento.

Para el tema del nacimiento de la Virgen que es el que nos ocupa los textos apócrifos neotestamentarios más interesantes son los conocidos como Apócrifos de la Natividad: el Protoevangelio de Santiago y sus dos reelaboraciones latinas el evangelio llamado del Pseudo Mateo y el Liber de Nativitate Marieae. A estos apócrifos, datados a partir del siglo II se les atribuye, por los expertos, una finalidad concreta al considerarlos una especie de contrarréplica a los apócrifos heréticos anteriores; finalidad que podríamos denominar como teológica ya que defienden el honor de María particularmente en lo que se refiere a su concepción y parto virginales. Como segunda finalidad, de menor importancia, se cita también el interés o curiosidad que despertaban en los fieles estos hechos de los que no encontraban referencias en los Evangelios canónicos.

Según los expertos el Proevangelio de Santiago habría sido fuente de inspiración de los himnógrafos, predicadores e iconógrafos de la Iglesia Bizantina y, en Occidente, fueron el Ps. Mateo y el Liber de Nativitate Mariae los que transmitieron estas historias anteriores al nacimiento de Jesús al retomarlos en sus obras tanto el obispo de Génova Santiago de la Voragine (1230-1298), en su Leyenda dorada, o como la del fraile dominico Vicente de Beauvais (c. 1190-1267) en su Speculum historiale; siendo estas las fuentes de inspiración de las obras de los artistas de siglos posteriores que quisieron representar estas escenas.

El Protoevangelio de Santiago, atribuido a Santiago el Menor, es el apócrifo ortodoxo más antiguo de los que se conservan y el que más ha influido en las narraciones extracanónicas sobre el tema. El francés Guillermo Postel lo tradujo en 1552 y lo dio a conocer en Occidente considerándolo, erróneamente, el prólogo del Evangelio de San Marcos y fue Tischendorf quien, a mediados del siglo XIX, fijó su texto actual refundiendo los aproximadamente dieciocho o veinte manuscritos existentes. Su antigüedad está documentada desde el 311 cuando San Pedro de Alejandría menciona datos que aparecen en él; en lo que inciden también las citas de una homilía de San Gregorio de Nisa muerto en el 394 y, sobre todo, el testimonio de San Epifanio de Salamina, muerto en el 403, sobre cuestiones presentes en el texto como la viudez de José, o la existencia de otros hijos anteriores a Jesús, etc.; todo ello ha llevado a los expertos a datarlo en una fecha no posterior al siglo IV. También es en estas fechas cuando comienza a haber constancia en Oriente de un culto a estos personajes pues en el año 550 Justiniano mandó edificar, en Constantinopla, una iglesia en honor de Santa Ana; y en Occidente no se constata culto a la madre de la Virgen hasta el siglo VIII en el que la liturgia mozárabe la menciona.

La fecha y el lugar dónde se produce el nacimiento de la Virgen María no se conocen de manera fehaciente, existiendo diversas versiones sobre el tema que se discute queriendo armonizar los datos aportados por los apócrifos con las tradiciones locales. Sobre el lugar en que se produjo el nacimiento de María existen tres versiones, muchos creen que fue en Jerusalén y de hecho en el siglo IV se construyó una iglesia denominada probática en el lugar en que se cree tuvo lugar la natividad de la Virgen y así fue proclamado por San Juan Damasceno y San Sofronio en su Anacreóntica. Pero San Juan Crisóstomo en su homilía del año 396 y San Cirilo de Alejandría lo fijan en Belén; y otros basándose en el texto del Liber de la Nativitate Mariae lo sitúan en Nazaret. Respecto a la fecha se ha los expertos han fijado, por convención, que fue el 8 de septiembre, ya que según explican los teólogos en esa fecha el sol entra en el signo de Virgo igual que Cristo entrará en vientre de María.

A pesar de todo lo expuesto, y volviendo a la iconografía del tema, creemos que la información que sobre el nacimiento de la Virgen contiene la primera parte del Protoevangelio de Santiago puede considerarse bastante escasa ya que dice así: “Y se le cumplió a Ana su tiempo, y el mes noveno alumbró, Y pregunto a la comadrona: <¿Qué es lo que he dado a luz?> Y la comadrona respondió: <Una niña>>. Entonces Ana exclamó: <Mi alma ha sido hoy enaltecida>. Y reclinó a la niña en la cuna. Habiéndose transcurrido el tiempo marcado por la ley, Ana se purificó, dio el pecho a la niña y le puso el nombre de Miriam.”

El Ps. Mateo es aún más escueto indicando sobre el tema lo siguiente: “Cumplidos nueve meses después de esto, Ana dio a luz una hija y le puso por nombre María. […]”; y en el Liber de Nativivate Mariae podemos leer poco más: “Por fin concibió Ana y alumbró una hija a quien sus padres dieron el nombre de María según el mandato del ángel.”

Estas citas dejan claro que cualquier artista que quisiera representar la escena plásticamente debía tener bastante invención al respecto, ya que el contenido de los textos no detalla la escena; únicamente se desprende, del primero de ellos, la presencia de una comadrona que ayudaba a Santa Ana en el parto así como la existencia de una cuna en el mobiliario de la estancia en la que poco después de nacer fue depositada María.

La carencia de datos provoca también que los artistas se inspiren en la Natividad de Cristo sobre la que existe mayor información y tomen para la de su madre algunos aspectos de la de Jesús, así como aspectos cotidianos que fueran propios de cualquier otro nacimiento de la época. También es de suponer la influencia en la escena de la propia experiencia del artista, a la que deberán recurrir para cubrir la ausencia de detalles, convirtiendo el tema en una escena de género; al representar la Natividad de María como si de un nacimiento contemporáneo se tratara, con detalles realistas, como los zapatos a los pies de la cama, detalles del tocador, mobiliario habitual, etc… El nacimiento de la Virgen por otro lado tampoco tenía nada de sobrenatural tratándose de un parto sin mayores complicaciones

Santa Ana suele estar acostada o sentada en su cama asistida por varias mujeres, cuyo número varía según el caso; normalmente son al menos dos, una de ellas vierte agua con un aguamanil sobre una jofaina o palangana. En la imagen de la Iglesia de Dafni, situada tras la cabecera de la cama, da aire a Santa Ana agitando un matamoscas; el motivo bizantino de el baño de la niña tuvo bastante aceptación y perduró largo tiempo, podemos volver a verlo ya en siglo XIV en una Natividad de la Virgen obra de Pietro Lorenzetti, en ella una de las criadas agita un abanico. Respecto a la identidad de las mujeres que acompañan a Santa Ana se ha interpretado que entre ellas estarían Ismeria, hermana de la parturienta y su hija Isabel prima de María y futura madre del Bautista, a veces apoya la mano sobre su vientre como queriendo hacer alusión a la Visitación. Las tres mujeres que aparecen, a veces, preparando el baño han sido relacionadas con las parcas, figura de la mitología clásica frecuentes en los nacimientos. A veces aparecen vecinas que van a visitar a Santa Ana.

Algunos ejemplos interesantes de Natividades de la Virgen los encontramos en la Miniatura del Menologio de San Basilio conservado en la Biblioteca Vaticana datado en el s. XI, del s. XII es el ya citado Mosaico de la Iglesia de Dafni con el baño de la Virgen. Del XIII el mosaico de la Iglesia de Santa María in Trastévere de Roma, en la que una de las mujeres la tiene sobre sus rodillas mientras otra vierte el agua. En los ejemplos iniciales la vinculación con modelos orientales es importante; aunque pronto en Occidente los artistas van desvinculándose de estas influencias.

Del XIV el fresco de Studenitsa en Serbia; o el del Giotto en la Arena de Padua; de Giovanni da Milano es el fresco de la Santa Croce de Florencia y de Andrea Orcagna el bajorrelieve de Or San Michele en la misma ciudad.

Ya del XV son la obra de Sassatta en el Tríptico de la colegiata de Asciano próximo a Siena y, de la escuela de Colonia, la natividad que aparece en ciclo de la vida de la Virgen atribuida a un maestro al que se conoce con el nombre del propio tema que representa: Maestro la vida de la Virgen. Ghirlandaio realizó en 1490 un fresco en la Iglesia de Santa María Novella en la que el nacimiento de la Virgen tiene lugar en un palacio florentino de la época. Ya en el XVI Andrea del Sarto realizó otra para la Iglesia de l’Annunziata y Sebastiano del Piombo para la de Santa María del Pópolo en Roma. Alberto Durero realizó una xilografía dentro del ciclo la Vida de la Virgen en 1504 y su compatriota Alberch Altdorfer, en su obra La Ronda de los Ángeles, realizada en 1520, representa la escena en la parte baja de una Iglesia, la criada tiene a la niña sobre sus rodillas mientras sobre la escena queda suspendida una corona formada por ángeles que queda como planeando sobre la imagen formando una corona viva encima de la cabeza de la Virgen predestinada. Murillo realizó en el siglo XVII una Natividad en la que los ángeles rodean a la Virgen y del XVII Corrado Gianquinto realiza otra que se encuentra en la Catedral de Pisa. Podríamos seguir citando obras ya que son muchos los autores que han realizado el tema pero creemos que con lo expuesto el tema queda claro ya que lo que seguiremos encontrando son variantes en las que se introduce la subjetividad del artista que refleja tanto su capacidad de invención como su experiencia visual. Como curiosidad diremos que en la difusión por Europa de la imagen de la Natividad de la Virgen tuvo mucho que ver la intensidad de los encargos monásticos femeninos, especialmente durante los siglos XIV y XV.

Bibliografía

AA. VV. Los Evangelios Apócrifos. Colección de textos griegos y latinos, versión crítica, estudios introductorios y comentarios por Aurelio Santos Otero. La Bac. Madrid. 1993

Beckwith, John. Arte Paleocristiano y Bizantino. Cátedra. Madrid. 2007

Bompiani. Diccionario literario. Tomo II. Hora. S.A. Barcelona.1992

Réau, Louis. Iconografía del Arte Cristiano. Serbal. Madrid. 1996

Revilla, Federico. Diccionario de Iconografía. Cátedra Madrid. 1990

Zuffi, Stefano. Episodios y personajes del Evangelio. Electa. Madrid. 2005

 Puedes consultar el primer capítulo en: Alenarte Revista

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  • Pilar

    Diciembre 16th, 2010

    Virginia, completísimo texto que me descubre muchos datos sobre el nacimiento de María y su reflejo en el arte. Excepto una o dos pinturas, las dems no las conocía.
    Un abrazo.

  • catherine

    Enero 7th, 2011

    ¡Qué bien documentado y ilustrado!
    Tengo vergüenza de decir que compré hace años los Apócrifos y que todavía no he leído nada. Los nombres de los Reyes Magos también se encuentran en estos textos que inspiraron muchos pintores con sus detalles … pintorescos.

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