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Jardines Simbólicos: El Paraíso Terrenal o Jardín del Edén. Por Virginia Seguí.

 

PolipticoVidadelaHumanidad_Moreau2Un lugar en el principio y el fin de los tiempos, un jardín de la eternidad; un lugar idílico en el que el hombre es feliz en la Edad de la Inocencia; esta aspiración, presente en todas las culturas desde el principio de los tiempos, fue recogida por la tradición cristiana en el Génesis… dando lugar a un jardín creado por Dios como morada de nuestros primeros padres que fue denominado Paraíso Terrenal o Jardín del Edén convirtiéndolo, podríamos decir, en el paradigma de jardín simbólico dada su trascendencia. Un lugar que imaginamos e idealizamos y algunos han descrito o representado, siempre buscando conocerlo, definirlo, localizarlo; pero… ¿qué sabemos en realidad de él?, algunas respuestas a esta pregunta es lo que encontrarás en este trabajo, aunque siempre cabe la opción de dejar volar tu imaginación.

                        Virginia Seguí

 

 

 

 

 

 

: El Paraíso Terrenal o Jardín del Edén. Por Virginia Seguí.

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La Edad de Oro. Derain

 

 

 

 

Existen jardines de muchos tipos la mayoría de ellos son reales y  han sido construidos por la mano del hombre a lo largo de la Historia quienes han ido variándolos y adaptándolos a sus gustos y necesidades; pero existe también otro tipo de jardines fruto de la imaginación de algunos hombres que nos los han descrito en sus obras ya fueran éstas literarias o plásticas pudiendo sentirlos tan próximos a nosotros como los reales; este sería el caso de los jardines literarios entre los que destacan el jardín de la Edad de Oro, el jardín de las Hespérides, los jardines de Flora, de Pomona o de Venus,  o bien, los descritos por Dante, Petrarca y Boccacio en sus obras; el jardín del Roman de la Rose, o el de Arminda, y algunos otros; pero la cuestión no acaba ahí sino que también existen otro tipo de jardines, los denominados jardines simbólicos, realizados por la mano del hombre o forjados por su imaginación plasmándolos tanto en la realidad como en sus obras plásticas o literarias; en este grupo destacan el Bosque Sagrado, encuadrado en la cultura clásica greco-romana, o el Jardín de los Filósofos, en este caso reales e igualmente de raigambre clásica; el lejano Oriente ha aportado también un modelo de este tipo; posible incluso sin la presencia humana; denominado el Jardín de la Meditación, lugar sagrado y casi mágico, en el que la naturaleza y las potencias primigenias del alma oriental conviven en equilibrio adquiriendo carta de naturaleza.

 

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Ahora bien de entre todos los jardines simbólicos destacan los creados con el transcurso del tiempo en el ámbito del mundo cristiano; de entre todos ellos el jardín simbólico más significativo es el conocido bajo el nombre de Paraíso Terrenal o Jardín del Edén, pues aunque las fuentes escritas en las que se basa su existencia sean obra del hombre, al parecer, no lo es su creación; pues si damos crédito a lo que relatan la Biblia y otros textos hebraicos como histórico su creación fue obra divina; esto le convierte en el jardín simbólico por excelencia; dentro del ámbito del cristianismo se han creado o imaginado otros jardines que también se incluyen en esta categoría; entre ellos destacan: los Jardines de Jesús, el Jardín de la Virgen María, el Jardín de las Virtudes. Existen algunos, aunque ya de distinta procedencia, como: el Jardín Masónico, el de los Sentidos, el Alquímico, el de los Muertos, etc. Pero  ninguno de ellos ha podido superar ni hacer sombra al jardín creado por Dios como primera morada de Adán y Eva… el primer hombre y la primera mujer sobre la tierra considerados los padres de la humanidad, que ha venido a denominarse Paraíso Terrenal o Jardín del Edén.

Según el canon bíblico se conoce como Biblia o Escrituras Sagradas la colección de libros judíos y cristianos que se creen inspirados por Dios; entre ellos los libros judíos se denominan Antiguo Testamento y los libros cristianos Nuevo Testamento. No todas las biblias contienen el mismo número de libros. Del Antiguo Testamento existieron dos colecciones diferentes; una más breve, la de los originales hebreos conocidos como canon palestinense y la versión griega o Canon alejandrino, más larga ya que conservaba todos los libros contenidos en la Biblia hebrea añadiendo los de Tobit, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc con la Epístola de Jeremías, Primero y Segundo de los Macabeos y algunos fragmentos de Ester y de Daniel. Los libros comunes a ambas colecciones se han llamado desde el siglo XVI protocanónicos; los propios de la versión griega, deuterocanónicos; división causada por antiguas controversias motivadas por las dudas de unos pocos sobre su inspiración divina. Al parecer los Apóstoles consideraron escritura divina la colección alejandrina y como tal la entregaron a la Iglesia; incluyendo en sus obras del Nuevo Testamento muchas sus citas procedentes del Antiguo Testamento.

 

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Existen distintas ediciones de la Biblia, siguiendo la conocida como Vulgata, en su edición Clementina, el Génesis  relata, dentro de lo que se conoce como semana divina la creación del mundo; incluyendo en ella la descripción de la creación del Paraíso Terrenal o Jardín del Edén; este libro contiene la cosmogonía del pueblo hebreo; considerada por los cristianos, a diferencia de las cosmogonías paganas como verdadera e histórica; en este sentido abundan los once primeros capítulos de la encíclica Humani generis de Pio XII, en la que entre otras cosas manifiesta que “Lo que en los Sagrados Libros proviene de las narraciones populares de ninguna manera debe equipararse a las mitologías u otras producciones parecidas, las cuales más proceden de una imaginación desenfrenada que de aquel amor a la sencillez y la verdad, que tanto brilla en los Sagrados Libros aun del Antiguo Testamento, de suerte que nuestros hagiógrafos deben ser tenidos en esto como manifiestamente superiores a los antiguos escritores profanos.” Añadiendo también que: “Por la exploración… las antigüedades orientales… felizmente ha acontecido que no pocas de aquellas cuestiones que… suscitaron contra la autenticidad, antigüedad, integridad y fidelidad histórica de los libros sagrados de los críticos ajenos a la Iglesia o también hostiles a ella, hoy se hayan eliminado o resuelto… De ahí ha resultado que la confianza en la autoridad y verdad histórica de la Biblia, debilitada en algunos un tanto por tantas impugnaciones, hoy entre los católicos se hayan restituido a su entereza.”; de este modo Pio XII consideraba probada la verosimilitud histórica de todo lo relatado en los textos de las Sagradas Escrituras zanjando la cuestión; manifestaciones que parece oportuno mencionar aunque no interfieran en este trabajo en el que solo se intenta estudiar y describir las características del Paraíso Terrenal, con independencia de su verosimilitud o existencia histórica; sobre todo dadas las dificultades de comprensión lógicas y/o científicas que, pese a lo expuesto por Pio XII, presenta la exposición de algunas de ellas.

También es interesante conocer que según manifiesta Robert Graves en su obra Los mitos hebreos, todos los textos sagrados escritos en hebreo anteriores a la Biblia se han perdido o han sido deliberadamente eliminados; entre ellos existían: el Libro de las guerras de Yavé y el Libro de Yasar, estos relatos épicos sobre la historia de los israelitas estarían escritos en el antiguo estilo poético hebreo a juzgar por algunas pequeñas citas que de ellos aparecen en Números 21,14, Josué 10,13  2 y Samuel I, 18. Habría existido también un tercer libro que describiría Canaán y sus ciudades supuestamente compilado por orden de Josué y un cuarto conocido como Libro de la historia de Adán en el que se describiría detalladamente las diez primeras generaciones entre Adán y Noé; se menciona la existencia de otro libro en este caso una especie de bestiario mitológico llamado el Libro de Yavé y algunos otros como: Actas de Salomón, el Libro de la genealogía, las Crónicas de los reyes de Judá, de los reyes de Israel y de los hijos de Leví; libros que debían contener multitud de referencias míticas de los primeros israelitas.

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Por tanto el relato de la creación de este primer jardín, creado por Dios para disfrute del primer hombre, Adán, al que había dado vida moldeándolo partiendo del polvo y de la primera mujer a la que había hecho surgir de una de las costillas de Adán, mientras éste dormía convirtiéndola en su compañera, ha llegado a nosotros básicamente a través de descripciones poco detalladas, por lo que el conocimiento que tenemos del Paraíso Terrenal o Jardín del Edén es también obra de la imaginación de todos los hombres que con el paso del tiempo lo han ido representando o lo han descrito; quienes, con frecuencia, además de seguir las escasas las fuentes existentes han dado pábulo a su imaginación recreándolo y adaptándolo a los conocimientos de su época y a los que ellos mismos tenían sobre jardines plasmándolos así en sus obras.

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En relación con las características que se conocen del Paraíso Terrenal, cabe cuestionarse  en primer lugar su localización geográfica; sobre este tema hay diversas opiniones, Isaías y Joel lo situaban en el desierto; pero Ezequiel indica que se encontraba situado en la montaña de Dios o Monte Safón en Siria, o bien en el fértil valle de Hebrón en Palestina meridional, también se le ha querido situar en Jerusalén. En otros casos hablan de él como situado al oeste o al norte o al este, suponemos que de Israel, ya que tampoco se menciona el punto de partida. La descripción del Génesis parece dar algún dato sobre el tema, pero nada es seguro; ya que indica que fue creado al oriente nuevamente pero sin determinar punto de partida: “Luego Yahveh Dios plantó un vergel en Edén, al oriente, para colocar allí al hombre que había formado.”

El relato del Génesis sobre la existencia de un manantial o corriente de agua que se subdivide formando cuatro ríos en el Paraíso Terrenal, es algo determinante para la existencia de este paraíso ya que sería el efecto benefactor de sus aguas lo que permitiría la existencia y mantenimiento de toda la vegetación que Dios hizo crecer en él. La cita del Génesis aporta datos pero también introduce confusión; las frases: “Dios plantó un parque en Edén” y “En Edén nacía un río que regaba el parque”; tuvieron diferentes interpretaciones, pues algunos creyeron que Edén era la parte central del jardín y otros se trataba de una zona circundante.

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Otros datos sobre su ubicación provienen de la mención de los cuatro ríos que riegan este vergel que permite intuir algún lugar geográfico conocido; el primero de ellos al que denomina Pisón o Fisón, al parecer, circulaba por el país de Javilá, rico en oro, bedelio y piedra de sóham, pese a no existir ningún río real con ese nombre si se conoce que la palabra Javilá significa tierra arenosa y por ello se ha relacionado con Arabia, el bedelio es una resina transparente y aromática que según Plinio crecía en Arabia, la India y Babilonia. El segundo de los ríos mencionado es el Guijon, a veces citado como Gión; río que tampoco ha sido identificado en la realidad; pero dado que según se indica regaba las tierras del país de Kus, que en algunos países al hablar país de Kus se hacía referencia a Etiopía o alguna región de la península Arabiga podría también tomarse como una referencia geográfica; aunque otros lo relacionan con Sennaar o Sinar en Babilonia; algo quizás más factible dado que estamos ante un texto hebraico. Los otros dos ríos citados son reales y sobradamente conocidos; el Tigris que riega el país de Assur capital del reino de los asirios y el Eúfrates baña las montañas de Anatolia y junto con el anterior forma el Creciente Fértil cuna de las primeras civilizaciones mesopotámicas.

Graves indica que en la Antigüedad  algunos judíos babilónicos, al parecer, identifican el jardín del Edén con un lugar denominado Bet Edén situado en Armenia y dado que, supuestamente, el Tigris y el Éufrates además del Nilo y el Orontes nacían en Armenia identificaban el Guijon con el Nilo y el Orontes con el Pisón. Aunque dada la procedencia hebraica de los textos en los que se basa la existencia de este Jardín del Edén, circunscritos a un ámbito territorial expresamente vinculado  a las primeras civilizaciones de Oriente Medio asentadas entre el levante mediterráneo, no sería lógico incluir el Nilo entre los ríos del paraíso.  Incidiendo en esto Reau en su obra menciona la existencia de otra versión alternativa que situaría el Paraíso Terrenal en Asía, en las fuentes del Ganges. Aunque todas las versiones que lo sitúan en un lugar geográfico real tienen una lógica objeción que es el hecho de que haya prácticamente permanecido inaccesible desde la expulsión de nuestros primeros padres; dejando abierta únicamente la posibilidad de dar crédito a la creencia cristiana de que Dios lo habría vuelto invisible tras el Diluvio. Ante esta explicación poco satisfactoria para algunos, estaría la teoría de situarle en el Antictón, es decir en las en los antípodas de la tierra habitable, más allá de un infranqueable océano.

Cada uno de los ríos citados corría en dirección a uno de los cuatro puntos cardinales, debido a esto los teólogos medievales pronto les atribuyeron sentido simbólico. Honorio de Autun relacionó las letras que conforman la palabra Adám con las palabras que en griego designan los cuatro puntos cardinales: Analolé, dysis, arcklos y messembria. Otros los relacionan con los Cuatro Evangelios del Nuevo Testamento o bien con los símbolos zoomórficos del que representan a sus autores o Tetramorfos. Ante esta indeterminación el cristiano representa estos ríos de muy diferentes maneras; en la Edad Media a veces se les hacía los brotar de un montículo sobre el que se eleva la figura de Cristo o el símbolo del Cordero Pascual, o bien se les representaba en forma de fuente de la que manaban cuatro chorros de agua, esto es lo que sucede en el Libro de las Maravillas; más tarde; ya en el Renacimiento se les dio forma humana al igual que se hizo con las divinidades fluviales grecorromanas.

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El significado de la palabra Paraíso y de su sinónimo: Edén; se ha vinculado a la palabra griega Hêdonê en el sentido de dar placer y voluptuosidad;  evocando el espíritu oriental de la idea de que un jardín es un parque real similar al que solían construir los reyes aqueménidas en sus palacios; o el pareadeison islámico; es decir un jardín cerrado por el que discurren aguas de  vivas corrientes que refrescaban el ambiente mientras resuenan y favorecen el crecimiento de la vegetación; un lugar de luz y paz, una especie de oasis en pleno desierto; con el acceso cerrado por una cortina de llamas que se estira hasta las nubes. En Occidente con frecuencia ha sido representado, como en la escena de los Misterios como un parque cercado por un muro almenado y lleno de rosales cuyas  flores a veces exceden en altura a las almenas.

El Paraíso terrenal era un lugar poblado de todas las clases de animales creados por Dios, aéreos, marinos o terrestres, habiendo dado después la supremacía sobre ellos a Adán al concederle la potestad de darles nombre; entre los antiguos la imposición del nombre equivalía a una toma de posición de privilegio sobre los nombrados; Reau denomina este pasaje como una extraña escena de bautismo; este tema se considera como una transposición cristiana del mito pagano de Orfeo quien encantaba y dominaba a los animales con las melodías que hacía brotar de su lira. Muchos artistas eligieron este tema como motivo de representación, sobre todo los miniaturistas así podemos verlo con frecuencia en la ilustración de los Bestiarios en los que suele usarse como frontispicio.

Las representaciones plásticas del Paraíso Terrenal contienen habitualmente animales de todo tipo y especie e incluso los más fieros, cómo el león o la pantera, suelen aparecer dóciles y amistosos compartiendo el paraíso con nuestros primeros padres; los artistas representan los animales conocidos en su época y a medida que avanzamos en el tiempo puede comprobarse cómo la fauna va adaptándose a los nuevos descubrimientos geográficos añadiendo a estas representaciones especies antes desconocidas.

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La cuestión de la vegetación del Paraíso Terrenal es un tema importante; Dios hizo crecer en el todo tipos de árboles y plantas tanto para embellecerlo como para que sus frutos sirvieran de alimento a Adán y Eva y a los animales; pero entre los árboles que Dios plantó existen dos de especial significación según la cita del Génesis: “E hizo crecer Yahveh Dios brotar del suelo toda suerte de árboles gratos a la vista y buenos para comer y, además, en medio del verdel, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.”

 

El árbol de la vida sería para algunos el árbol que concedería la vida eterna, quién comiera de él no moriría jamás; y así lo afirma el Génesis al indicar que uno de los pensamientos que decidió a Dios a expulsar del paraíso a Adán y Eva, fue la posibilidad de que comieran también de él; aunque no se indica mucho más sobre él; pero según Henoc que fue, al parecer, el primer hombre que entró vivo en el Paraíso Terrenal después de la expulsión de Adán y Eva, es un árbol de color dorado y carmesí cuya belleza relumbra sobre todas las demás cosas creadas, su copa cubre la totalidad del jardín y de sus raíces salen cuatro ríos de leche, miel, vino y aceite; a cuya sombra suele descansar El Creador. Podemos pensar que al ser la visita de Henoc al paraíso posterior a la expulsión de nuestros primeros padres, éste estaría ya cambiado; algo que parece intuirse de la cita del Génesis: “Y expulsóle Yahveh Dios del vergel del Edén a trabajar la tierra, de la que había sido tomado. Cuando hubo arrojado al hombre, puso a Oriente el vergel de Edén a los querubines con espadas de hoja fulgurante para guardar el camino del árbol de la vida.”

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Respecto al árbol de la ciencia del bien y del mal o del conocimiento, en teoría el que proporcionaría todo saber o conocimiento; hay que mencionar que es una de los cuestiones principales en el tema del Paraíso Terrenal, ya que Dios tras instalar a Adán y Eva en él les prohibió expresamente, so pena del más duro castigo, tocar sus frutos, convirtiendo el árbol en un tabú para ellos; aunque, eso sí, olvidó mencionarlas las razones de dicha prohibición; algo que sin duda incitó su curiosidad. Según el Génesis Dios dijo: “No comáis de él ni lo toquéis, para que no muráis.”

También hay discusiones, ya que los teólogos no se ponen de acuerdo sobre si se trataba de naranjo, un manzano, una higuera o una cepa de vid; todos ellos frecuentes en el ámbito geográfico donde teóricamente se sitúa este vergel; hay que añadir, no obstante, que el árbol de la ciencia se empieza a citar como manzano en las traducciones latinas, pues en las versiones griegas se habla de una higuera y es la tradición judeo rabínica la que se inclina por considerarlo una cepa o vid. La versión de la higuera se justificaba porque solo sus hojas hubieran permitido a nuestros primeros padres cubrir su desnudez, tras el pecado original, con suficiente decoro. Por ejemplo en la Biblia protestante de Ginebra el pasaje se traduce: “Entonces Adán y Eva cogieron hojas de higuera y se hicieron calzones”; lo que dio origen a que esta Biblia se conozca como Biblia de los calzones. No obstante los artistas plásticos, que representaron la escena, optaron por reproducir en sus obras la vegetación más frecuente de sus lugares de origen, por ello, la higuera y el naranjo son frecuentes en el arte bizantino e italiano y el manzano lo es en el arte francés; siendo en los países vitícolas donde el fruto tentador suele ser un racimo de uvas en lugar de un higo o una manzana. Aunque a veces el tema se simplifica y Adán y Eva cubren su sexo únicamente con sus propias manos.

En doctrina cristina la prefiguración adánica con la figura de Cristo, hace que el árbol prohibido se oponga a la Cruz del Salvador; en palabras de San Ambrosio “la muerte viene del árbol y  la vida de la Cruz”. Dada la importancia del tema es muy frecuente encontrar esta relación en muchas obras del arte cristiano: desde los primeros tiempos así podemos verlo ya en el siglo II en la bóveda del vestíbulo de la catacumbas de San Javier en Nápoles; o en siguiente en los frescos de Doura Europus y también en las baldosas cerámicas de Hadjeb Alaiún  en Túnez o en las miniaturas del Génesis de Viena fechadas ya en el siglo VI.

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El tema de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso Terrenal ha sido representado en el arte cristiano con frecuencia; haciéndolos salir del paraíso a través de una puerta, medio agachados y avergonzados expulsados por un ángel armado de una espada fulgurante; esta imagen hace imaginar el Paraíso Terrenal como un lugar cercado o vallado con al menos una puerta de salida. Pero según algunos este paradisiaco jardín tenía hasta siete puertas, estando la más exterior en el valle palestino de Hebrón en la gruta conocida como de Macpela, situada; al parecer, Adán, la encontró cuando enterraba a Eva, reconociendo el lugar por la fragancia divina que de ella emanaba; intentó seguir cavando para volver a entrar en él, pero fue detenido por una voz ensordecedora que le mandó detenerse, la tradición cuenta que Adán yace también en esta misma cueva guardando la puerta del Edén. Otros, por el contrario afirman que la puerta más exterior de Edén se encuentra en el monte Sión. Parece ser que tras Henoc, entraron también en el Paraíso solo otros dos hombres vivos; Moisés que fue llevado allí por Shamshiel, su ángel guardián, y según se cuenta pudo ver los setenta tronos de los justos realizados en oro con incrustaciones de diamantes y zafiros, Abraham se sentaba en el más precioso; después de esto sólo entró Yehoshua.

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Según Graves lo hizo engañando al ángel de la muerte y saltando el muro del paraíso; pese a la oposición del ángel consiguió quedarse y ver, con sus propios ojos, el lugar y a sus habitantes, entre ellos a Dios y a los Justos e incluso informó a Gamaniel, uno de ellos, de que el Paraíso tenía siete puertas y de que cada una de ellas se abría a la siguiente; de forma que a medida que se avanza, van abriéndose; de esta forma vas entrando en diferentes recintos o casas, la primera de ellas es de cristal y sus vigas de cedro, la gobierna el profeta Abadías y acoge a los convertidos por su libre albedrío. La segunda, de similar hechura, acoge a los penitentes de Israel y la gobierna Manasés ben Hizkiyahú;  la tercera es de oro y plata y dentro de ella crece el árbol de la vida, que acoge a su sombra a Abraham, Isaac y Jacob, patriarcas de las doce tribus de Israel. La quinta casa alberga la corriente del río Guijón, y está construida de plata, cristal y oro puro estando toda ella impregnada de la fragancia  del Líbano contiene ricos divanes de metales preciosos, especias dulces y ropajes de color rojo y púrpura tejidos por Eva, e hilos de color escarlata y pelo de cabra trenzado por los ángeles. La sexta contiene a quienes cumplieron su deber con Dios; y la séptima a quienes murieron por los pecados de Israel. Según esta descripción el Paraíso Terrenal se transformó una vez expulsados Adán y Eva, perdiendo su esencia de jardín y adquiriendo cualidades más próximas al concepto del Cielo cristiano; un lugar donde descansan y reposan las almas de los hombres tras su muerte. Estas historias contribuyeron a imaginar el Paraíso Terrenal como un lugar cerrado, por lo que con frecuencia se representa cerrado, circundado por un muro con almenas similar a los recintos reales medievales o de la época en la que se daten las imágenes.

El concepto de Paraíso Terrenal o Edén como un vergel en el que el hombre puede vivir plácidamente conviviendo con los animales salvajes procede de las mitologías de las culturas de la Antigüedad; en el relato hindú de la Epopeya de Gilgamesh, datado hacia el 2000 a. C. se describía ya un lugar similar situado, en este caso, a las orillas del Ganges donde vivía el Enkidu compartiendo su vida con gacelas y otros animales de todo tipo llegando, incluso, a juguetear con delfines. Las tradiciones y antiguas leyendas griegas hablan también de un espacio temporal parecido al vinieron a denominar Edad de Oro, donde la humanidad vivía en una especie de la edad de la inocencia; todos ellos tendrían conceptualmente en común la expresión de la nostalgia que el hombre ya civilizado y, sobre todo, urbano siente por los goces del campo y la vida exenta de preocupaciones.

Graves menciona en su estudio sobre los mitos hebreos que en origen los jardines del tipo paradisiaco del Jardín de Edén, aparecen inicialmente en las antiguas mitologías gobernados por diosas debido, posiblemente, al orden matriarcal dominante en las sociedades primitivas; con el paso del tiempo y la llegada del patriarcado los dioses masculinos les usurparon el poder pasando  a ocupar su lugar.

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  • Alenarte Revista

    noviembre 20th, 2013

    Traslado aquí un comentario que hace Carmen Amaralis en una imagen de este articulo, para que se vea en abierto::

    “Virginia, para felicitarte por este excelente artículo tan bien documentado y con la imagen perfecta, siempre es una delicia recorrer tus escritos, saludos desde Puerto Rico, Carmen Amaralis
    Felicito a Alena por tan extraordinaria labor con la Revista Alenarte. ya el próximo es el 100, le deseo siga con este gran éxito, amigas,”

  • Luisa M Caballer

    noviembre 20th, 2013

    Qué buen artículo! Excelentes imágenes con las que lo acompaña. Lo he disfrutado ¡Gracias!

  • Marina Filgueira García

    noviembre 20th, 2013

    Virginia, que placer -que rato tan delicioso e pasado leyéndote, son unas imágenes extraordinarias y tú lo explicas fantásticamente bien: que son letras dignas de una mirada detenida, amiga.
    Mil gracias por esta maravillosa presentación.
    Te dejo un beso y mi estima. Se muy feliz.

  • Carmen Amaralis Vega

    marzo 28th, 2015

    Virginia, extraordinario artículo , informativo, y con excelentes imágenes, Te felicito par la calidad del mismo, desde Puerto Rico, Amaralis
    http://www.carmenamaralis-vega.com/

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