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La grande bouffe. Por: Elías Gorostiaga.

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La maldad existe, es tan tangible como el amor, la paz, la estupidez, el odio, la histeria y la pachorra. El asunto es que se juntan algunos amigos para morir comiendo. Para entonces igual que ahora, más de la mitad del planeta moría de inanición o con raciones de hambre, con las que vivían en vilo después de cada comida, porque esa cantidad de población no sabe cuando volverá a comer y su trabajo es ese, el trabajo que cuesta buscar comida para seguir viviendo. ( Elías Gorostiaga ).






La grande bouffe. Por: Elías Gorostiaga.

Esta película maravillosa cuenta el hastío de la clase parisina, ese hastío sofisticado que sufren las clases acomodadas de todos los imperios, de todas las repúblicas, cansados de restaurantes, trajes y zapatos a medida, muebles de caoba, coches, mujeres y comida. Buscan la muerte, petarlo comiendo. El increíble guión de Azcona, cargado de guiños, momentos surrealistas, un humor tan corrosivo como un clavo en el jardín y el jardín de la mansión, Azcona se mueve bien en mansiones, dibuja cada personaje y se mete como nadie en el alma, que en esta película está formada de tuétano y soledad, el criado tordo, el perro malvado.

La huelga de hambre, una reivindicación que se paga con la muerte, una muerte lenta que va degradando tu naturaleza, una muerte política, no comer. Y en el reverso de esa moneda comer por atracarse hasta no poder mas, hasta reventar.

 

El camión de carnes, jabalíes, ciervos, corderos, la exquisitez de los modales mientras comen ostras y beben champagne, esa suave forma de los labios te salpica, toda la película está llena de primeros planos, detalles de gula que te van empachando, erosionando, empalagando hasta que necesitas pedos y eructos, vomitar para poder respirar.

 

fotogramaRodada en 1973 por Marco Ferreri y como he dicho con un gran guión de Rafael Azcona y con actores como Piccoli, Mastroiani, o Andrea Ferreol. Sabían muy bien que debajo de ese mantel se encuentra una tragedia, en todos los órdenes de la sociedad, son esas clases dirigentes después de haberlo conseguido todo, las que se retan, ahora a sí mismas, para conseguir ese último salto sin red, la ambición desmesurada por comer sin hambre, beber sin sed y disfrutar de un sexo sin amor, sin dar ni recibir, absolutamente vulgar, frío. 1973 fue un año de crisis económica, han pasado cuarenta años para llegar al 2013 y estamos en una crisis económica y cultural sin precedentes. No se si existen ya espectadores de este tipo de películas, ni si los directores de cine actuales, se plantean en sus proyectos algún tipo de gran comilona, ni se si el menú de esa comida actual somos nosotros mismos, debidamente sazonados y preparados para entrar en el horno y ser devorados, bajo leyes precisas y bien condimentadas. Buen provecho.

 

 

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