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“Las Sumas y los restos”. Ana Pérez Cañamares: una aritmética del vivir. Por: Alena Collar.

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Ana  Pérez-Cañamares acaba de publicar Las sumas y los restos, libro que fue galardonado con el Premio Blas de Otero de Poesía Villa de Bilbao 2012.

Las sumas y los restos es un excelente libro. De sentido unitario, está dividido en dos secciones: los mapas y los tesoros. La primera sección es una cartografía desglosada a su vez en los cuatro puntos cardinales. Cada uno de ellos da— a través de poemas breves— cuenta de una búsqueda personal. El tema de todos ellos es la mirada hacia dentro del sujeto que se hace externo: porque el sujeto poético en todo el poemario es un “ser en el mundo” al tiempo que un “ser para sí”.

( Alena Collar).






Las Sumas y los restos. Ana Pérez Cañamares:  una aritmética del vivir. Por: Alena Collar.

La autora, en esta primera parte nos habla de una búsqueda y un enfrentamiento: una búsqueda de su interior y una confrontación o constatación del exterior.

De ahí las Sumas. De ahí una aritmética del vivir.

En Los Tesoros, aparecen Los Restos. Que a mi modo de ver deben ser entendidos como “aquello que permanece”. Lo que “resta” después de desprenderse de lo accesorio. La esencia que encuentra la escritora. Por eso puede escribir: “Llegaré con la ropa limpia/aunque sea largo y polvoriento/el camino desde la infancia”.

Porque lo que “resta”, es el encuentro: El reencuentro con la claridad después de haber atravesado: el recuerdo de “las manos ásperas” del padre, que “duelen”, el remordimiento, “los sábados de mi infancia”, una infancia humilde, modesta, silenciosa, de supervivencia. Y a través de esa travesía poder “cerrar los oídos a los gritos que te apremian” y defender “las alas”.

 

Hay una enorme vocación de libertad en este poemario. Una necesidad de asumirse para ser libre; de dejar atrás excrecencias, culpas y nostalgias. De crecerse y de vivirse.

 

Con una estructura poemática clásica, en versos medidos en general de arte mayor, bien octosílabos, bien endecasílabos y con una cierta preferencia por el ritmo interno— no sé si consciente del todo— centrado en general en palabra impar, consigue una musicalidad lógica sin necesidad de una sola rima.

 

El poemario conmueve. Y ello porque su lenguaje es muy cercano al lector, pero, principalmente porque no se queda en la anécdota personal, sino que la trasciende para generalizarla: aquí se ve a un ser humano buscando su propia identidad. Las sumas de su vida y los restos de su memoria. Y el “saldo”, a mi modo de ver, es positivo: podemos transitar por esa búsqueda, acompañarla en su devenir vivencial  porque todos alguna vez hemos sentido parecido. Por eso además de por sus cualidades formales, podemos hablar de la excelencia de este libro.

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