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Lola López Mondéjar: “una feminidad que se aleja de la convencional”. Entrevista por Alena Collar.

portadaLola López Mondéjar acaba de publicar con la Editorial Siruela su libro La primera que no te quiero.

Una novela que refleja a una generación de mujeres que tuvieron que tomar las riendas de su propia vida en un tiempo de cambios, desconcierto y nuevas expectativas. Un tiempo que, a la vez de suponer la libertad, supuso también en parte la pérdida de valores asumidos que, de pronto, se fueron mostrando agobiantes y mutiladores.

Después de su excelente libro de relatos, Lazos de sangre ( Editorial Páginas de Espuma) por el que opta como finalista al premio Setenil, Lola presenta a sus lectores una novela divertida, dura, amena en su lectura y sobre todo de apuesta personal por la libertad.

Alenarte ha querido entrevistar a la autora y así dar a conocer a sus lectores cómo es ella y cómo es  su novela.

Clikeando pueden leer lo que nos dijo.






Lola López Mondéjar: “una feminidad que se aleja de la convencional“. Entrevista por Alena Collar.

Leyendo tu novela, se advierte un cambio muy significativo con respecto a tu libro anterior, Lazos de sangre. Por ejemplo la función de la ironía y el humor, que están siempre presentes aquí. ¿Has querido que estos recursos marquen una distancia con tu obra narrativa anterior, o simplemente es que lo pedía “el tema”?…

 

Al abordar La primera vez que no te quiero tuve que tomar una decisión determinante para el tono del libro: o escribía la novela desde la voz narrativa de Julia a  los cincuenta años, o lo hacía desde el mismo presente que narraba, esto es, la voz de una joven de veintitrés a veintinueve años. Si me decidía por la primera, la novela tendría un tono más reflexivo y “maduro”, más retrospectivo y “sabio”, un rendir cuentas y evaluar el pasado, y esto no me apetecía porque pensé que para mostrar el periodo histórico en el que transcurre la historia (los últimos años de la dictadura franquista y la transición) era más conveniente que la contase Julia desde su juventud. Una voz inocente, cándida a veces, tierna, y mucho más alegre que si lo hubiera narrado desde su edad madura.

Creo que en cada proyecto literario adopto el tono que sirve mejor a  la historia que quiero contar.

 

Me gustaría que hicieras una referencia a las secuencias temporales del libro, lo que relatas de la niñez y lo que se relata de la vida adulta: hay como un “desnivel” de la voz narrativa, como si la voz infantil ya preparase los acontecimientos futuros.

 

La voz infantil corresponde a los recuerdos de esa Julia que vive su juventud durante la transición, la aparición de esos fragmentos está íntimamente relacionada con los fragmentos del presente (donde la novela avanza desde el matrimonio de Julia hasta el acontecimiento final) como lo está la propia memoria: recordamos por asociación, por desplazamiento. Si ella siente su deseo de ser alguien, recuerda a su madre diciéndole: que nadie tenga nada que decir de ti. Si vive una experiencia sexual, recuerda cuando en su casa se apagaba la televisión incluso en las escenas más inocentes. Quise que esa voz infantil fuese muy sensitiva, como si Julia regresase a esos momentos y contase desde la niña que fue, desde las emociones que la formaron, para pasar luego a la joven y a la joven adulta en la que se irá transformando, donde la voz se hace más madura, se intelectualiza voluntariamente porque Julia también crece en todos los aspectos.

 

Un núcleo muy importante de tu novela corresponde a la función crítica que ejerces sobre el papel de la mujer, y la manipulación política a la que pareces indicar se vio sometida vuestra generación, ¿te sientes distanciada de ese “papel”, crees que hoy existe también esa manipulación?…

 

lolaCreo que un sector muy importante de las mujeres que comparten generación con Julia tuvieron que hacer un arduo ejercicio para desprenderse de lo aprendido, y que los modelos propuestos durante los años de militancia, los de la revolución sexual y política, fueron adoptados desde la vulnerabilidad y la indefensión más absoluta, de manera que no dio tiempo a procesarlos. No me parece que fuese una manipulación política, sino la forma de habitual de proceder de la historia y de los sujetos que la viven: las mujeres abandonaron modelos tradicionales y se identificaron con otros, sin interrogarlos, porque era necesario existir y ser. Luego vendría la reflexión y el cuestionamiento de estos nuevos modelos.

Hoy creo que conviven dos propuestas sobre cómo ser mujer: una que tiene que ver con los imperativos más convencionales (hay una fuerte involución en este sentido): mujer es igual a madre (recordemos algunas declaraciones de Ana Botella o Ruiz Gallardón al respecto). Otra podríamos identificarla más con los modelos que trajeron las revoluciones feministas: independencia, libertad, autonomía. Las jóvenes se educan en uno u otro, no hay un panorama uniforme.

 

Otro de los temas que es recurrente en tu novela es la “educación” recibida por tu protagonista, hay como un sentimiento de “castración intelectual y afectiva” en ella, me gustaría que nos hablaras un poco más de este tema, de la infancia mutilada. La figura de la madre por ejemplo, parece ejercer influencia también en decisiones adultas, y la del padre; por ejemplo dice tu protagonista, ““un padre que me llamaba inútil cuando cometía el más mínimo error”, “me odiaba profundamente a mí misma”, y también dice paradójicamente de él que era un “hombre desconocido que adoraba” “  ¿Es, o puede ser, la vida adulta un resultado de la infancia, tanto como enfrentamiento o como consecuencia?…

 

Empiezo a responder por el final: la vida adulta está diseñada desde la niñez, de esto no me cabe la menor duda, si bien podemos escapar de ese determinismo de la infancia, pues quedan márgenes para la reparación, la resiliencia (concepto sobre el que se llamó la atención ya hace algunos años), la reconciliación con las figuras parentales y significativas de la infancia, aunque haya sido traumática.

Julia sufre en su familia una castración intelectual y afectiva. Muchas madres de aquellas jóvenes eran mujeres profundamente insatisfechas con el destino que les tocaba vivir, pero no se atrevían a indicarles otro camino a sus hijas que no fuera la repetición de ese mismo destino. Su relación con las hijas podía estar llena a veces de hostilidad, la que ellas sentían hacia sí mismas, porque la sumisión aparente escondía mucha agresividad pasiva, porque estaban condenadas a olvidarse de ellas mismas y esto no se hace sin costes.

Por otra parte, la figura del padre, a la que aludes, está muy poco estudiada en relación a la construcción de la identidad de género de la mujer. Creo que hay un problema fundamental en este sentido: los padres tradicionales, incluso los más amorosos, rechazan a sus hijas en la pubertad, no saben seguir amándolas ni valorándolas; entre otras cosas, porque tienen miedo al despertar sexual de la niña y se inhiben en el contacto corporal que tenían con ellas cuando eran más pequeñas, de manera que estas niñas asisten a la irrupción de su sexualidad y al abandono del padre a un mismo tiempo. Esto marca su vida porque entienden que ser mujer no es bueno ni valioso, ni deseable, puesto que papá las deja de lado.

Creo que hoy los hombres que cuidan a sus hijos en igualdad ejercen una nueva paternidad que no se retrae en la pubertad o en la adolescencia de sus hijas, y que esto va a dotar a las mujeres de un excelente recurso que contribuirá a incrementar su amor propio, su seguridad y su independencia. Buscarán entonces hombres que las amen como papá, y no se sentirán atraídas por hombres que las desprecian, como sucede demasiado a menudo debido a esta circunstancia que señalamos.

De cualquier forma, la subjetividad es demasiado complicada para simplificarla en un solo aspecto, pero creo que el padre tiene mucha participación en el desarrollo de la niña (no solo del niño como se podría pensar).

 

Tu protagonista, a lo largo de todo el libro, lleva un proceso interior de aprendizaje que la confronta continuamente entre la teoría y la práctica, por así decir. El final del libro- que no vamos a desvelar, ¿supone una reconciliación con su feminidad, o es un rechazo a la “teoría”, que parece lastrarla?…

 

Claramente supone una reconciliación con su feminidad, una feminidad que se aleja de la convencional, que incluye la teoría, el conocimiento y el desarrollo intelectual y subjetivo, pero también incluye lo que aprendió que era básicamente ser mujer, aquello para lo que la habían estado preparando en su niñez y adolescencia. Es entonces un importante logro para Julia, una elaboración propia de todo lo aprendido y de lo que está sobredeterminado en ella y no puede rechazar.

 

 

 

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