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Luarca y Severo Ochoa. Por : Amando Carabias María

Durante mi último viaje a Asturias en el mes de agosto, visitamos Luarca, capital del concejo de Valdés, hacia el Occidente del Principado.

Una de las razones por las que Luarca merece ser visitada es porque en este pueblo marinero nacieron Severo Ochoa, uno de los grandes hombres que en verdad ha dado España al mundo, y otro gran hombre, quizá menos conocido, Álvaro de Albornoz Liminiana.

 ( Amando Carabias )

 

 

 

 

 

Luarca y Severo Ochoa. Por : Amando Carabias María.

 

 

Luarca es conocida por algunas cuestiones como su tradición ballenera, su barrio de pescadores, la hermosura de sus calles empinadísimas, como si brotaran de la propia ladera de la colina.

Los luarqueses son gentes orgullosas de su historia y en lo alto de la cima de ese otero que domina toda la bahía y la entrada del muelle, en coloristas azulejos cerámicos narran los hechos más importantes de su historia, desde aquella primera vez en que rechazaron una incursión de vikingos…Pero no quería hablar de estos temas en este artículo…

En general, cuando uno piensa en un gran ser humano, ya sea hombre o mujer, hace memoria de aquello que le hizo importante. Pero estos grandes seres humanos (no me refiero a personas muy famosas o muy conocidas, sino a quienes en verdad han sido importantes en alguna disciplina humana), suelen ser de una pasta especial.

 

 

Una de las razones por las que Luarca puede ser visitada es porque en este pueblo marinero nacieron Severo Ochoa, uno de los grandes hombres que en verdad ha dado España al mundo, y otro gran hombre, quizá menos conocido, Álvaro de Albornoz Liminiana, que, casualmente, era tío del investigador y que fue Ministro de Justicia, Fomento, Primer Presidente del Tribunal Constitucional y llegó a ser Presidente de la II República Española en el exilio de 1947 a 1951, en dos gobiernos sucesivos.

 

 

 

Sobre el excepcional científico, guardo, por referencia paterna una anécdota, ya que en alguna de sus visitas a Segovia, acabó comiendo en el Restaurante Cándido, donde mi padre ha trabajado hasta su jubilación. Con sólo contar esa anécdota se podría conocer la verdadera pasta de la que estaba hecho este ser humano. Fue mi propio padre quien le presentó a un chaval que por aquel entonces soñaba con estudiar medicina y que para costearse sus estudios, trabajaba como extra en el restaurante. El ya anciano Severo Ochoa, se dirigió al joven con afabilidad y convicción diciéndole que lo de menos era el trabajo que desempeñara, porque todos los trabajos son igual de dignos e importantes para la sociedad, lo importante era hacer bien lo que uno hiciera. Y lo decía un Premio Nobel a un camarero de un restaurante. Y según lo comenta quien lo vivió, lo decía con total y absoluta convicción.

En Luarca descansan sus restos mortales, junto a los de su esposa Carmen García Cobián. El cementerio de Luarca, construido sobre la cima de la colina que domina el mar, es un lugar bellísimo, austero y que da impresión de eternidad, quizá porque su mirada se dirige hacia un horizonte ilimitado. Marián y yo, mientras paseábamos y contemplábamos algunas de sus tumbas, buscábamos la del Nobel de Medicina. Al final dimos con ella. Se trata de una tumba blanca presidida por una cruz griega inserta en un círculo. Este es el epitafio labrado sobre su lápida: “Aquí yacen Carmen y Severo Ochoa. Unidos toda una vida por el amor, ahora eternamente vinculados por la muerte”.

Y uno, al leerlo, se da cuenta de que no es el oropel de la fama lo que más valoraba el doctor Ochoa. Como buen sabio que era, como buen científico, como gran investigador creía y valoraba lo esencial de la existencia, y por lo que se intuye de la muerte, aunque quizá sea esto mucho decir.

Luarca, además, recuerda a su hijo más ilustre con una emotiva placa situada en el edificio donde nació, una calle muy céntrica del lugar, muy próxima a la iglesia parroquial y al Ayuntamiento y al muelle donde los barcos descansan. En esta placa se puede leer: “Quiso ser recordado como un hombre sencillo”. Severo Ochoa no quiso la fama postiza, ni la gloria efímera, más efímera aún que la vida. Y sin embargo, desde la sencillez ha logrado esto.

 

 

Quizá ello lo aprendió de su tío, que unos metros más allá, también tiene una placa dedicada por su pueblo natal en la que se recogen sobriamente los datos que antes he citado.

Me gusta, cuando paseo por las calles de una ciudad, descubrir las placas que adornan las paredes de algunos edificios en las que se hace mención a personas de cierta notoriedad en su ámbito.

Y cuando descubro estos testimonios, un plus de cariño hacia el lugar crece en mi interior, porque siempre he creído que algo debemos a nuestros antepasados, y que es necesario que se mantenga vivo el ejemplo de quienes nos precedieron, de quienes dieron lo mejor de sí.

Y es necesario que dejemos memoria de los que nos precedieron, porque la memoria es más frágil y quebradiza de lo que parece, porque sin estos pequeños hitos, quizá pudiera suceder que creyéramos que todos los logros de hoy se deben a nuestros méritos, como si nada hubieran hecho quienes nos precedieron, cuando, por el contrario, somos un eslabón de una cadena, que no debe perder conciencia de su carácter de eslabón y de su carácter de cadena.

 

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  • Flamenco Rojo

    octubre 11th, 2010

    La anécdota que nos cuentas del profesor con el camarero de Cándido dice mucho del hombre…como otros muchos científicos, Severo Ochoa, hubo de exiliarse por motivos políticos…No se debe olvidar que fue ayudante de Juan Negrín, a la postre Presidente de la II República en el exilio igual que su tío Álvaro de Albornoz como tú nos apuntas.

    Un abrazo.

  • catherine

    octubre 11th, 2010

    Comparto tu amor para las placas de las calles y para los hombres sencillos, hombres de verdad.

  • Ángeles

    octubre 13th, 2010

    En efecto Amando:

    Luarca es una bellísima ciudad del Occidente de Asturias en la que se solapan el puerto pesquero antiguo y rural, las montañas que la rodean verdes y magníficas y un cierto aire señorito por ser la capital de la zona.
    La suerte del visitante es poder contemplar tan espléndido panorama desde lo alto, precisamente desde el cementerio que citas y que, que yo recuerde, debe ser uno de los pocos tan bien ubicados.

    Severo Ochoa siempre amó a su patria chica y no es casualidad que la haya elegido -aparte de la excepcionalidad del sitio- como última morada.

    Tras su jubilación, y sobre todo tras la muerte de Carmen, su esposa, pasaba largas temporadas en Asturias siendo asiduo a los cursos de La Granda que organiza la Universidad de la capital del principado. Era muy accesible -tuve la suerte de escucharle, antes de enviudar, una conferencia sobre la síntesis de proteinas en la facultad de Medicina cuando estaba haciendo el MIR- y en su talante sencillo y facilitador hizo un esfuerzo para que tan complicado tema pudiera ser comprendido por los que allí estábamos.
    Su frase al terminar fue:” Me siento muy orgulloso por haber tenido la oportunidad de dar una clase de tan alto nivel científico en mi tierra”.

    La muerte de su esposa Carmen le afectó profundamente y no volvió a ser el mismo. En su honor tanto el hospital de Cangas de Narcea, como el Instituto de Luarca han recibido el nombre de Hospital/Instituto : Carmen y Severo Ochoa por expreso deseo del Premio Nobel :

    La Fundación Carmen y Severo Ochoa fue creada por voluntad del Profesor Severo Ochoa, expresada en su testamento, al objeto que se perpetuara la memoria de su nombre unido siempre al de Carmen, la mujer a la que amó y con la que compartió la mayor parte de su existencia.

    Gracias por recordarnos el sitio y el peersonaje.
    Un abrazo Á

  • MARIA JOSE TEROL ESPINOSA

    octubre 13th, 2010

    El segundo viaje a Asturias hace años quise que empezara por Luarca. Me encantó el lugar, se manducó de maravilla. De forma especial me impresionó ese cementerio, tumba incluida y la playita, con sus casetas, como antaño.
    Por cierto solo a los grandes de verdad les resulta innata la humildad.
    Un abrazo extensivo.

  • egomanías

    octubre 13th, 2010

    Yo tengo la costumbre, por culpa de mi poca memoria para recordar los nombre de los lugares, de fotografiar las placas con los nombres de las calles y que cuentan las historias de los monumentos, es el mejor modo para tener frescos los recuerdos. Hermosa la historia que nos cuentas. Es siempre un placer leer tus artículos, Amando, me dan ganas de partir inmediatamente a visitar tu patria, un día de estos quien sabe…
    Un abrazo.
    Leo

  • Emma Rosa Rguez

    octubre 27th, 2010

    Amando: Me ha encantado y emocionado todo lo que cuentas sobre el Doctor Ochoa y sobre mi tierra. Y por cierto que en Luarca nacieron muchos personajes ilustres, por citar algunos del mundo de las letras te diré: Casimiro Cienfuegos, Aurora de Albornoz, Nené Losada… Y dentro del concejo una gran, grandísima mujer Regina García López conocida como “la asturianita” cuya vida fue un camino de superación y coraje dignos de admiración.
    Muchas gracias por hacerme recordar, por cierto la calle de la foto se llama: “La Carril”.
    Un abrazo
    Emma

  • Marina

    noviembre 6th, 2010

    Hola: Amando, gracias por esta bonita entrada, la verdad es que es un placer leerla, está escrita con la dulzura del alma presentando esa pequeña diudad de Luarca. Que no conozco pero que tendría mucho gus en conocerla. ¡Me entra unas ganas de hacer la maleta y largarme allí! Mejor lo dejo para verano.

    De Severo ochoa he oído hablar mucho y he lído sobre su interesante biografía. Fue un gran estudioso e investigador de la bioquímica, la base molecular de la vida. todo un cerebrito.

    De nuevo gracias Amando, por compartir tu visión de las pequeñas y grandes cosas de la vida. Siendo para mí muy importates.
    Un abrazo y se muy feliz.

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