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Lugares con encanto: Plaza Medina del Campo, Segovia. Por : Amando Carabias.

Plaza_de_Medina_del_Campo_(Segovia)A mitad de camino de la Calle Real, entre el Acueducto y la Plaza Mayor de Segovia, se llega a un enclave urbano articulado por una escalinata construida a mediados del siglo XIX que une el desnivel existente entre la plazuela de San Martín y la plaza de Medina del Campo, también llamada de las Sirenas o de Juan Bravo. [Cada nombre tiene su motivo, que apuntaré en su lugar, evitando fárragos prematuros. El oficial, el de Medina del Campo, es homenaje y recuerdo perenne de Segovia a la gesta de la ciudad vallisoletana cuando, durante la guerra de las Comunidades, se negó a cumplir la orden imperial de prestar sus piezas de artillería para aplastar con ellas la encarnizada resistencia de los comuneros segovianos, pertrechados en la catedral vieja. Más aún, Medina prefirió arder, a traicionar a Segovia].

Según muchos, esta plaza —urbanísticamente se trata de un espacio único—, es de las más hermosas que pueden admirarse, hasta el extremo de que algún eximio profesor de Historia del Arte, llegó a afirmar que es comparable con la Plaza de España en Roma. (Amando Carabias) .






Lugares con encanto: Plaza Medina del Campo, Segovia. Por : Amando Carabias.

Es un escenario al aire libre, como saben y aprovechan los organizadores de algunos eventos que se desarrollan aquí, tal que Titirimundi o Folk Segovia. Se trata de un enclave con un inconfundible aroma renacentista, cuyos palacios y caserones están construidos a la moda que cierta nobleza castellana importó a estas tierras con más de un siglo de retraso respecto del original, como máxima representación de lo bello en arquitectura. Gracias a la armónica escalinata compuesta por varios cómodos tramos de peldaños, el desnivel entre las diferentes alturas es cascada de granito y morrillos que adquiere un sugerente ritmo, basado, no en la repetición, sino en la variedad de alturas, anchos, perspectivas…, una danza en piedra que los ojos perciben en el primer atisbo.

Iglesia San MartínSituado el viajero en su parte baja, si mira a su izquierda, al lado noroeste, observará que la plaza queda limitada por el ábside románico y el cabecero barroco de la iglesia de San Martín; en el lienzo opuesto, el del Levante, por un grupo de palacios de estilo renacentista; en la parte del mediodía, que es una porción de la calle Real, la llamada Casa del siglo XV; en la coronación, más caserones nobiliarios entre los que se atisba apenas, justo en el rincón del nordeste, el antiguo palacio de Enrique IV, hoy Museo de Arte Contemporáneo ‘Esteban Vicente’, al que me referiré en el artículo de septiembre, más en concreto a su auditorio.

En el centro del rellano, extendido tras el segundo tramo de la escalinata, se alza, sobre un pedestal de granito de unos tres metros de altura, la estatua en bronce dedicada a Juan Bravo (razón de uno de los nombres populares de la plaza), debida a Aniceto Marinas; en las esquinas del primer tramo, otras dos esculturas hacen las delicias de los niños desde hace muchas generaciones. Son obra de Francisco Bellver datadas en 1852. El autor cinceló en piedra blanca de Colmenar dos sirenas (aquí la razón de la denominación más usada por los segovianos), según el encargo del Ayuntamiento, sin embargo guardan más similitudes con esfinges que con los seres mitológicos marinos. Salvados el resto de peldaños, y llegados a la segunda altura de este escenario, se alcanza la fuente circular de piedra, cuya parte central representa a dos niños que sujetan un enorme pez de cuya boca brota el agua, y adosados a dos de los laterales del pedestal cúbico de este pequeño grupo escultórico, un par de leones sedentes que no rugen, manan agua. Esta fuente formaba conjunto con las ‘sirenas’, pero fue desplazada, para instalar en su lugar la estatua del comunero, no sin fuerte polémica.

Visto el conjunto, el viajero podrá recorrerla con más detalle…

Al llegar a la plaza desde el Acueducto, justo antes de levantar el pie para subir el primer escalón, a mano derecha, está el edificio donde vivió hasta su muerte el médico y escritor murciano Jerónimo Alcalá Yáñez, que ha pasado a la historia de la literatura como autor de la novela picarescas Alonso, mozo de muchos amos, más conocida como El donado hablador.

Al pie de la estatua de Juan Bravo, si el viajero se gira, justo enfrente verá un edificio más bajo que los que le flanquean, la Casa del Siglo XV, construido a finales del gótico; en él resalta la galería de cuatro arcos platerescos. Dice la tradición que aquí nació el comunero, lo que la historia desmiente; siendo más plausible, aunque poco probable, que aquí viviera, tras su segundo matrimonio con María Coronel, hija de Abraham Seneor, regidor de Segovia, poderoso y rico judío converso, amigo de la Reina Isabel, cuyo palacio está a menos de quinientos metros, en el inicio de la Judería, próximo a su sinagoga mayor.

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Dejando a la izquierda la estatua del comunero, ascendemos por la parte que se corresponde al lado del levante. En la mitad de la pendiente, se alcanza el poderoso Torreón de Lozoya construido en el siglo XV, en realidad una torre defensiva levantada sobre un calefactorio romano, con fines militares, pues por entonces las banderías violentas entre los nobles eran moneda común. Se trata de una torre rectangular con troneras y galería en lo alto. La parte baja de la fachada es de sillería granítica y, el resto, mampostería con zonas de esgrafiado. Su portada blasonada es un arco de medio punto. (Mientras los jueces, las hipotecas o la crisis lo permitan, continúa perteneciendo a la obra social de la extinta Caja Segovia. Se dedica fundamentalmente a sala de exposiciones, alguna de las cuales han tenido eco en estas páginas). Tras la torre —espacio estrecho y oscuro que hoy es zona de paso— se encuentra el palacio, tanto el original como sus ampliaciones. Su interior cuenta con dos patios renacentistas con columnas y amplias galerías.

Propincuo al Torreón, la Casa de los Condes de Bornos, en la que destaca el frontispicio, rematado en forma de tejadillo triangular, con semicolumnas que enmarca el balcón sobre la puerta principal, un arco de medio punto.

A continuación la Casa de Solier, quizá la fachada más hermosa de todas las citadas, la que está más ocupada por sillería de granito, enmarcada por semicolumnas que se repiten junto a la puerta principal adintelada y junto a los balcones, y que se convierten en columnas exentas en la galería superior.

Si en este punto se cruzase la estrechísima callejuela, se llegaría al muro exterior del auditorio del Esteban Vicente. Desde aquí se observa el edificio blasonado que culmina el conjunto en su coronación, la Casa de los Mexía Tovar, de la que destacan dos grandes escudos y las dovelas de granito que circundan el arco de medio punto de la puerta principal.

Entretanto, la Iglesia de San Martín ya hechiza la atención con su capacidad para aglutinar estilos. Hoy que está tan de moda la fusión o el eclecticismo, este templo románico del siglo XI es prueba de que no hay nada nuevo bajo el sol. Según los estudios más prolijos, es una iglesia de origen mozárabe y estilo románico. Aquí se pueden tocar, literalmente, dos los tres ábsides románicos y el cabecero barroco y se ve muy próxima la torre de estilo mudéjar. Quizá pueda sorprender esta mezcla, sin embargo en Segovia no es extraño. Descendiendo muy pocos pasos, una nueva sorpresa para los ojos: el atrio meridional de la iglesia, abierto a través de un arco trilobulado mostrando una perspectiva casi de punto de fuga…

Aquí concluiría el recorrido por los lugares principales de esta enclave, aunque sólo haya sido un vistazo rápido y superficial.

¿Interesará al viajero saber por qué este esplendor concentrado en tan breve espacio donde aún se palpa una huella congelada de la historia? ¿Dispondrá de otros pocos minutos…?

Si hay un barrio en Segovia cuyos vestigios aún relaten su apogeo entre mediados del XV y el último tercio del XVI, es el de los Caballeros, que en sentido laxo sería la parte alta de la zona amurallada. Aquí, precisamente, latiría su corazón.

Casa_Mexia_Tovar_SegoviaA poco que alce su mirada hacia los tejados, el viajero descubrirá una galería abierta en la parte superior de los palacios y caserones, bajo la cubierta del edificio. No se trata de un capricho decorativo, pues el duro y prolongado clima invernal desaconsejaría vivamente tal opción. Se trata de un asunto económico y, paradójicamente, lo extremo del clima explica su existencia. Segovia es paso obligado del ganado ovino en su trashumancia y por ello lugar de esquileo. La calidad de la lana de las ovejas merinas, el auge del negocio pañero, la presencia de la corte durante largos periodos del año, su privilegiada situación en el entramado de las redes de comunicación de entonces y la dureza del clima, son los factores de una fórmula que llevó a que los paños de fina lana elaborados en Segovia tuvieran alto aprecio en tantos lugares, no sólo de la Península Ibérica, sino de otras partes de Europa.

La nobleza y la incipiente burguesía de mercaderes con pujos nobiliarios (en el próximo artículo nos aproximaremos a uno de ellos) poseían rebaños y fincas de esquileo y, en consecuencia, conseguían las mayores rentas de los productos obtenidos, sobre todo lana. Pero el potencial del negocio no estaba simplemente en la venta de sus delicados vellones, sino en el proceso manufacturero que concluía en paños tan admirados. Está alboreando en la ciudad una rudimentaria industria textil, que abarca desde el esquileo de la oveja, hasta la confección y venta del paño. La ciudad aumentó su población, había trabajo en todo este proceso: lavanderos, bataneros, cardadores, tundidores, etcétera. (También aumentan las enfermedades relacionadas con el frío y la humedad. La vida es dura…, mas no para todos del mismo modo). Una de las fases fundamentales es el secado de la lana, después de que ésta ha sido lavada, bataneada y entintada; para ello servirán las galerías referidas, abriéndose al gélido aire del invierno y permitiendo que éste haga el resto.

La riqueza que genera esta próspera industria se refleja en otras actividades; de entre ellas no es la menor la construcción. Pero no se construía sólo por el afán de elevar un edificio, sino por perdurar y por ostentar o emular a los de linaje más vetusto y más rancio abolengo y, de este modo acercarse a ellos. Existía un modelo especialmente atractivo para los castellanos, acaso —esta idea la lanzo al tuntún— por la mezcla de elegancia y austeridad que lo definen: el renacimiento, arquitectura de la que seguimos disfrutando, por ejemplo en esta plaza. ¿Cómo no imitar a quienes importaron este modo de edificar, si estaban al cobijo del latido del gobierno del Reino?

Mujer Leona

Mujer Leona

Este estilo se caracteriza, en el afán de recuperar los cánones de la antigüedad clásica, por el uso de la piedra tallada confiriéndole aspecto almohadillado y, además, mezcla bien con la forma más habitual de rematar las fachadas en Segovia, el esgrafiado, de los que se pueden contemplar magníficos ejemplos en esta plaza.

Repito, aquí concluye el recorrido por la Plaza, donde se mezclan luchas por el poder, afán por prosperar, laboriosidad, gestas de héroes decapitados que perduran como símbolos de libertad —quizá excesivamente idealizados—, todo ello bajo la sombra unificadora y omnipresente de la fe y las normas de la Iglesia. Y todo esto ha quedado para el disfrute de los siglos en esta arquitectura que convierte a la piedra en almohada para las pupilas. Pero cito al lector en este mismo lugar el próximo mes. Pretendo mostrar un lugar pequeño y sublime, que, acaso, condense cuanto va anotado.

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  • catherine

    julio 26th, 2013

    Maravilloso artículo que me trae tantos recuerdos de encuentros, comidas, exposición, conferencias.

  • Isolda

    julio 27th, 2013

    Qué detalle en la explicación, aunque nada como guardarlo en la retina junto a los recuerdos de Catherine. Besos hoy segovianos.

  • Pilar Moreno Wallace

    julio 27th, 2013

    !Excelente! Un lugar verdaderamente con encanto e historia.

    Un abrazo.

  • Flamenco Rojo

    julio 29th, 2013

    Realmente es un lugar con encanto y si además lo visitas con un excelente amigo…

    Un abrazo amigo.

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