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Marian McPartland: Mujer, blanca, pianista. Por: Alfredo Rodríguez

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Allá por los años 50, una crítica musical estadounidense escribía con un punto de ironía que Marian McPartland era una “mujer, blanca pianista; lo tiene todo en contra”. Leída esa frase con la perspectiva del tiempo, la ironía no pudo ser mayor, porque nos encontramos ante una de las figuras más reconocidas de la escena jazzística de todos los tiempos, capaz de enfrentarse a todos los estilos con un virtuosismo extraordinario. ( Alfredo Rodríguez )











Marian McPartland: Mujer, blanca, pianista. Por: Alfredo Rodríguez.

No en vano con tres años se sentó delante de un piano y podríamos decir, exagerando claro está, que no se volvió a levantar de ahí. Nacida en un suburbio sin historia de Londres en 1918, con esa temprana edad empezó a estudiar música clásica y violín, además del piano. Su familia se dio cuenta del precoz talento de Margaret Marian, y la matricularon en una de las mejores escuelas musicales del Londres de aquellos años.

Con gran disgusto de sus progenitores, Marian McPartland se inclinó más por los grandes clásicos del jazz que por otros clásicos, para empezar un camino que ya nunca más dejó. Ahí están sus primeras influencias de personajes como Duke Ellington, Teddy Wilson o Mary Lou Williams, entre otros.

En 1938 se enroló con un grupo de vodevil y la Segunda Guerra Mundial le dio la oportunidad de tocar para las tropas aliadas en su camino hacia Berlín y el final de la guerra. En uno de esos conciertos, en Bélgica, conocería al trompetista Jimmy McPartland con el que formó primero pareja artística y luego también sentimental.

La boda tuvo lugar en una base americana en Europa en 1945, y ellos fueron los encargados de tocar para sus invitados en ese día especial. Viaje a los Estados Unidos para afincarse allí definitivamente para dar rienda suelta a su talento no sólo para la música sino también para la pedagogía, el descubrimiento de nuevos talentos y la crítica musical.

Marian+McPartlandEspecialmente reconocido fue el programa que durante décadas mantuvo en la radio pública norteamericana, por el que pasaron músicos de todos los pelajes y con los que terminaba organizando duetos que han pasado a la historia. Con su actitud rompió el tópico del músico maldito, en una carrera que no estuvo exenta de momentos difíciles como el que vivió a finales de los 50 y primeros 60, durante una gira con la banda de Benny Goodman, quien la despreció tanto que Marian terminó requiriendo tratamiento psicológico.

Recuperada, siguió adelante componiendo, tocando y lanzando su propio sello musical, Halcyon Records en 1969. Por esos años ya era reconocida como una intérprete de una sensibilidad especial, capaz de sacar del piano unos sonidos suaves, a veces casi tímidos, pero también cargados de energía, de vida, de optimismo, sin que se le resistiera ninguna de sus variantes gracias a su virtuosismo, acompañado por un gran oído y por un caudal de conocimientos fantástico.

Cuando murió el pasado mes de agosto, dicen sus familiares más cercanos que con una sonrisa en sus labios, dejó tras de sí un legado musical para disfrute de todas las generaciones venideras. Gracias Marian.

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