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Mario Vargas Llosa y Fernando Szyszlo, Diálogo en el Ateneo. Por : Carlos Feral

 

 Dentro de los actos del encuentro internacional de creadores en el madrileño barrio de Las Letras, la  tercera edición de LETRA, dedicada a Perú, nos ofreció un jugoso diálogo entre dos de los mejores embajadores de la cultura peruana: el escritor Vargas Llosa y el pintor y escultor Fernando de Szyszlo.

(Carlos Feral)

 

 

 

Mario Vargas Llosa y Fernando Szyszlo, Diálogo en el Ateneo. Por : Carlos Feral

 

 

Antes de que comenzaran los discursos y agradecimientos por parte de las autoridades y organizadores del acto, el guitarrista Javier Echecopar Mongilardi nos deleitó, acunando una guitarra del siglo XIX con la interpretación de una partitura española encontrada en el Perú llamada Marisápalos y con unas sonatas.

En la parte, digamos oficial, D. Carlos París, presidente del Ateneo habló de la contribución de esta institución a la difusión de la cultura como órgano de mejora y transformación de la sociedad y destacó la especial sensibilidad del Ateneo hacia Iberoamérica.

Le siguió D. Victor del Campo, presidente de la Fundación Temas de Arte y director de esta edición de LETRA que agradeció todos los apoyos recibidos para que estos días de encuentros de creadores fueran posibles. Le siguió Beltrán Gambier, director de la revista Intramuros que nos presentó la programación hasta el día 4 de Septiembre, destacando en cine el encuentro entre Claudia Llosa (directora de la casi oscarizada La Teta Asustada) y Patricia Ferreira (directora y guionista de cine y televisión), el sábado 4 en Caixaforum de doce a una del mediodía.

 

La gente ya andaba impaciente por escuchar a los maestros peruanos cuando empezaron a desfilar los gestores y políticos por el estrado entre los murmullos de un público que comenzaba a aburrirse e impacientarse  tanto por lo extenso de los discursos como por culpa de una megafonía horrorosa, indigna de un acto como ese y de un templo como el Ateneo. El único que tuvo sentido común fue el Excelentísimo Sr. Embajador de Perú, D. Jaime Cáceres, que con unos sencillos agradecimientos y destacando la figura de Vargas Llosa y Szyszlo como embajadores de la cultura peruana no entretuvo las ganas del auditorio más de un par de minutos. [ Aquí pueden escuchar sus palabras]

 

 

Al fin, después de una hora, los maestros subieron al estrado y se sentaron, como el que hace sobremesa, en dos sillas alrededor de una mesita de té y comenzaron lo mejor de la tarde noche. El diálogo sin papeles ni libretas, espontáneo, entre dos viejos amigos.

Comenzó don Mario hablando de Szyszlo como un gran artista que ha llevado muy alto la pintura peruana, además de resaltar sus valores como combatiente por la democracia y la libertad. Nos presenta al pintor como miembro de un colectivo de artistas peruanos artífices de llevar la modernidad a una cultura campesina y pintoresquista, aprovechando las innovaciones, reformas y revoluciones que se iban produciendo en la vida literaria y artística de mitad del siglo XX.

Don Fernando puntualizó que lo más grande en Perú fue el arte precolombino porque sin influencia de nadie, creó cosas que nunca se habían visto. Era un arte preinca con lo cual era desconocido incluso para los conquistadores así que estaba sin contaminar. Ese espíritu creador bullía hasta que llegaron los colonizadores y, sobre todo, la influencia de la Iglesia. Esta, obligaba a los indios a aprender de maestros italianos y españoles para lo cual, surtieron de modelos europeos a los artistas indígenas para que copiaran los motivos religiosos de Zurbarán o Rafael. Pese a ello, los artistas locales supieron darle un estilo propio que desembocó, mediante la supresión del relieve en las figuras y referencias a sus antiguas creencias, en la pintura Cuzqueña

Dice Szyszlo que el siglo XIX se convirtió en un período de pintura de segunda clase ya que sólo se imitaba a los europeos. Con las nuevas ideas del siglo XX surgen pinturas inspiradas a partir de la revolución mexicana y desde el 1919 hasta mediados los 40 surgen motivos campesinos, referencias al indigenismo y comienza el regreso de los pintores a Perú como es el caso de Ricardo Grau(volvió en 1937 e hizo de los bodegones un tema recurrente. Aunque de formación europea, desarrolla de manera latente un pensamiento indigenista), entre otros, acercándose al arte moderno por primera vez pero con una expresión propia. La generación del 50 se inspiró en Borges y otros maestros que, al no tener referentes culturales propios, abrieron su mirada al resto del mundo.

El indigenismo, apuntó Vargas Llosa, fue positivo en cuanto a que puso de manifiesto la realidad andina, campesina, a que descubre el paisaje peruano, la imaginación del indio. El problema es que aunque llena de buenas intenciones su factura es pobre. El lenguaje artístico carece de estética, de formalidad, tanto en pintura como en poesía.

En literatura existe la excepción de José María Arguedas. Él era bblanco, pero, por circunstancias de la vida, su madre muere y queda al cargo de una madrastra y un hermanastro que, a semejanza del cuento de La Cenicienta, le tratan  como a un sirviente, mostrándole su odio y desprecio y, cuando estos viajan con el padre, ya que este era abogado itinerante, es criado como un indio por los sirvientes indígenas. Su primera lengua fue el Quechua y no se incorporó al “mundo blanco”  hasta la adolescencia. Tuvo que inventarse un “Español con la emotividad del Quechua”, que acompañada con una enorme sensibilidad artística hizo que su obra destacara en un período algo oscuro.

Fernando Szyszlo habla de Arguedas como amigo suyo y de cómo su madrastra lo odiaba hasta el punto de dejar que lo criaran los sirvientes indígenas mientras ella viajaba con el padre por todo el país. Esto, unido a muchos factores más hicieron que tuviera una personalidad neurasténica que desembocó en el suicidio. Se pegó un tiro.

Mario Vargas Llosa, desvió la conversación entonces hacia Juan Rulfo y su experiencia indígena, estableciendo una comparación con Arguedas y dijo que la principal diferencia es que el primero tuvo la formación literaria que le faltó a Arguedas. Éste no había leído a Faulkner(conocido por sus técnicas innovadoras, como el monólogo interior, los saltos del tiempo en la narración, etc.), Hemingway o John Dos Passos. Arguedas fue un folklorista gran conocedor de mitos y leyendas andinas que tradujo del Quechua al Español pero al que le faltó ese contacto con Joyce, Proust  y otros maestros de la literatura.

La conversación dio el giro más divertido de la tarde al recordar a Sérvulo Gutiérrez, el peculiar pintor y escultor peruano que presumía de falsificar arte precolombino (fabricaba huacos con tal perfección que muchos los tomaban por auténticos) y de llegar a la pintura por casualidad. Parece ser que tenía un pariente que era restaurador de cuadros y en esos cuadros siempre quedaban espacios vacíos, los cuales Sérvulo se ofrecía rápidamente a rellenar pintando “angelitos” o lo que hiciera falta. Llegó a apuntarse a un torneo de boxeo en el que ganó el subcampeonato iberoamericano de peso gallo. El premio de este certamen, junto con el cobrado por muchos huacos que hizo, le dieron el dinero suficiente como para iniciar su propia exitosa carrera y vivir la vida tan intensamente que murió prematuramente de cirrosis a los 46 años. Cuenta una anécdota que una vez, retó a un militar a darse de trompadas y éste adujo que en uniforme no podía pelear en la calle, así que Sérvulo paró un taxi e invitó al militar a entrar en él para seguir la pendencia.

Repasando la carrera de Szyszlo, era Vargas Llosa le recordó su inicio en el estudio de la carrera de arquitectura a lo que este replicó que sólo le duró año y medio ya que se apuntó a un curso de dibujo donde verdaderamente descubrió su vocación de pintor. Él quería hacer pintura moderna pero vinculada a las raíces precolombinas. Don Mario le hace notar que su pintura va muy ligada al paisaje peruano y recuerda sus veraneos en las playas de la región de Paracas, a unos 200  Km al sur de Lima cuyos paisajes desérticos inspiraron la colección “Camino a Mendieta”, del pintor, ya que así se llamaba la playa a la que iban a veranear juntos. Sziszlo comentó que Paracas es una palabra compuesta, del Quechua que significa “lluvia de arena” y que el paisaje arenoso en el camino a Mendieta le inspiró esta colección.

Cambiando de tercio, se fueron al surrealismo parisino y Don Fernando recordó los textos de Andre Breton y todo lo que le inspiraron y muy especialmente de cuando conoció a Octavio Paz. Recordó lo feliz que fue en París y cómo pensó incluso en establecerse allí para siempre, pero había algo en Lima que siempre le impulsaba a volver. Vargas llosa le recuerda que ese amor por su tierra y no vivir en Europa probablemente le ha limitado la difusión de su obra a nivel internacional y llegar a un nivel de fama y reconocimiento similar al de Mata o Botero, por ejemplo.

Szyszlo contó cómo conoció a Oscar Domínguez, el surrealista tinerfeño, en París y que vivía en el mismo edificio que él, contando varias anécdotas hasta su suicidio, en 1957, cortándose las venas.

En cuanto a la vida cívica en Perú y su lucha contra las sucesivas dictaduras que ha vivido el país, Sziszlo reconoce que ha sido más moral que política. La única vez que ésta le tentó fue cuando, precisamente, formó parte de la candidatura de Vargas Llosa y recuerda cómo perdieron unas elecciones que tenían ganadas por diversos motivos no muy limpios de sus contrincantes.

Antes de cerrar el acto hablaron de su relación con España. Mientras que Vargas Llosa siempre ha vivido largas temporadas en nuestro país, a Szyszlo le daba cierto reparo visitar España, tanto por el franquismo como por el recuerdo de su infancia en los Jesuitas donde un ambiente asfixiante de orden moral y político (tenía que cantar el Cara al Sol y asistir a misa diaria) le dejó marcado el rechazo unos cuantos años. Afortunadamente volvió con escapadas esporádicas, al principio desde París,  especialmente a una pensión de la carrera de San Jerónimo en la que convivía con algunos poetas y pintores peruanos de los cuales cuenta, que eran tan feos que, una vez que el portero de la pensión estaba charlando con un amigo, aparecieron estos tres juntos, de sopetón y éste comentó al portero: “Qué feos son estos señores”, a lo cual el portero respondió con circunspección y solemnidad: “Es que son Incas”.

* En estos enlaces pueden ustedes escuchar los audios de la charla entre los artistas*

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* Actualización: Es un orgullo para Alenarte disponer de este documento gráfico y sonoro, precisamente en el día que Mario Vargas Llosa ha recibido el Premio Nóbel de Literatura

 

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