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Música de cine: Bernard Herrmann. Por: Alfredo Rodríguez

Salvo a los muy cinéfilos, es posible que el nombre de Bernard Herrmann no diga mucho a la mayoría de las personas, pero si decimos que es el compositor de películas como Ciudadano Kane o Psicosis, entonces las cosas empiezan a cambiar y al menos alguna melodía nos empieza a sonar por nuestro interior y las imágenes se nos vienen solas a la cabeza.

El año pasado se cumplieron cien años del nacimiento de Herrman (Nueva York, 1911 – Nueva York, 1975), un compositor controvertido por su carácter huraño, complicado, siempre al filo de la neurosis pero que supo poner como nadie música a algunas de las obras clave del séptimo arte aunque únicamente consiguiera un Oscar en su vida y por una de sus primeras incursiones en el mundo del cine The Devil and Daniel Webster (El hombre que vendió su alma) película de 1941.

( Alfredo Rodríguez )

 

 

Música de cine: Bernard Herrmann. Por: Alfredo Rodríguez.

 

 

 

 

 

Antes de llegar ahí tuvo que producirse la emigración de su familia desde su Rusia originaria hasta los Estados Unidos. Un padre gran aficionado a la música muy pronto regaló sendos instrumentos musicales a sus dos hijos, y Herrmann, después de agredir a uno de sus profesores con el violín dando muestras del carácter que le va a definir durante toda su vida, aprovechó el regalo para hacerse compositor, especialmente después de descubrir, a los 13 años, la música de Berlioz.

Después de iniciar una andadura musical al frente de diferentes formaciones orquestales, el punto de inflexión le llega cuando en 1933 conoce a Orson Welles, en un momento en el que éste estaba buscando a alguien para musicar sus retransmisiones radiofónicas. Precisamente será Herrmann el encargado de escribir la partitura de uno de los programas de radio más famosos de todos los tiempos: La guerra de los mundos.

Emisión que logró convencer a muchos ciudadanos norteamericanos de que su país estaba siendo objeto de una invasión alienígena, sensación en la que tuvo mucho que ver la música de nuestro protagonista. La relación con el genial director, no terminó ahí sino que de su mano Herrmann llegará al mundo del cine que ya no abandonará hasta su muerte. Será con Ciudadano Kane, la película de la RKO, con el que abra de par en par las puertas de los estudios de Hollywood a pesar de su juventud.

Herrmann llegó a reconocer en alguna ocasión que para componer una de sus partituras necesitaba “una situación dramática, una escena saturada con un determinado nivel de expectación, de humor, de amenaza para estimular su imaginación”, tal y como señala Ivan Hewett en su artículo The man who made Psycho even scarier. “El color es muy importante”, decía Herrmann. “Toda esa porquería de otra gente orquestando tu música es un error. La orquestación es como una huella dactilar”.

Herrman rompió con muchos de los esquemas que manejaban los compositores de música cinematográfica. En sus bandas sonoras se aprecian elementos muy particulares, muy relacionados con la temática de la película y así no duda en introducir ritmos mexicanos, introdujo el órgano en la composición y no dudó en experimentar con las escalas siamesas en películas de temática oriental, todo con el fin de crear ese clímax sonoro tan particular y que tanto ha contribuido a la historia del cine.

Será en los años 50 cuando conozca al mago del suspense, Alfred Hitchcock, reunión que dejará bandas sonoras memorables como las de Vértigo, El hombre que sabía demasiado y, claro está, Psicosis, entre otras. Una relación que se rompió por imposición de los estudios con Cortina rasgada, al ser rechazada por los ejecutivos la banda sonora de Herrmann ya que en su opinión no contenía ninguna canción pop del momento.

Después de mantenerse alejado del mundo del cine por un corto periodo, Truffaut lo recuperó para la banda sonora de Fahrenheit 451 y alguna otra. En 1973 vuelve al trabajo en su país de la mano de Brian de Palma en Hermanas y Satisfacción de 1973 y, dos años más tarde, firmará una obra que abría las puertas a una nueva dimensión musical para un compositor en permanente reinvención que desgraciadamente no terminó de cruzar ya que nada más terminar la partitura le sobrevino el fallecimiento.

Esa última banda sonora era la de Taxi Driver de Martin Scorsese, una película que Herrmann no estaba convencido de musicar hasta que leyó el guión y quedar atrapado por la personalidad de ese taxista al que dio vida un magnífico Robert de Niro. Ahí la partitura se adentró por terrenos muy particulares del blues y el jazz y para la que contó con la ayuda de Christopher Palmer, para hacernos llegar todo el espíritu urbano, de calles maltratadas ocupadas por personas que ni siquiera tienen arroyo del que salir.

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