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Rasgos de identidad: las chicas de Metsu. Por : Pilar Moreno Wallace.

La mayoría de las obras de Gabriël Metsu tienen como tema central la vida diaria en las más diferentes facetas del tiempo en que vivió. Una muestra de treinta y cinco de sus pinturas, procedentes de museos internacionales y colecciones privadas, estará expuesta hasta el próximo marzo en el Rijksmuseum en Amsterdam. Su trabajo se destaca por la sensibilidad y armonía en los colores y lo preciso de los detalles. Metsu nació en Leiden en 1629 y murió con apenas 37 años. A pesar de su corta vida dejó una importante colección de obras, de las que son conocidas unas ciento treinta.

( Pilar Moreno )

 

 

 

 

 

 

 

Rasgos de identidad: las chicas de Metsu. Por : Pilar Moreno Wallace.

 

El arte y los pintores con sus obras se convierten en los mejores embajadores de la historia de un país. Sus obras revelan tiempo y estilo, costumbres y tradiciones que nos dan a conocer los rasgos de identidad de lo que retratan. Así Velázquez nos muestra imágenes de los más variados personajes de una España sumergida en el barroco y en el esplendor de lo artístico. Con Goya vemos un país que se acerca al romanticismo, invadido por los franceses y sufriendo los desastres de una guerra. El arte de entonces es fuente de referencia histórica de nuestro pasado y ayuda a comprender el presente.

 

Johannes Vermeer es uno de los artistas holandeses que más ha mostrado de la historia y de la gente de Los Países Bajos. Paseando por las calles de Delft me parece estar ante uno de sus óleos, Vista de Delft. Casas, tejados, luces, reflejos en el agua, todo sigue formando parte de su pintura. En realidad todos los pintores del Siglo de Oro holandés han dejado una gran variedad de preciosas escenas de la Holanda de aquella época. Nuestra imaginación puede encontrar muy fácil su camino entre imágenes e interiores de la vida doméstica.

 

 

 

 

También la mayoría de las obras de Gabriël Metsu tiene como tema central la vida diaria en las más diferentes facetas del tiempo en que vivió. Una muestra de treinta y cinco de sus pinturas, procedentes de museos internacionales y colecciones privadas, estará expuesta hasta el próximo marzo en el Rijksmuseum en Amsterdam. Su trabajo se destaca por la sensibilidad y armonía en los colores y lo preciso de los detalles. Metsu nació en Leiden en 1629 y murió con apenas 37 años. A pesar de su corta vida dejó una importante colección de obras, de las que son conocidas unas ciento treinta.

 

Gabriël Metsu observa muy de cerca el trabajo de sus contemporáneos como Gerard ter Borch, Jan Steen, Pieter de Hooch, Vermeer, entre otros. Se puede decir que existía inspiración, influencia y un aprecio mutuo. Sin embargo, a pesar de las semejanzas que podemos apreciar con las obras de estos pintores, (Mujer leyendo una carta de Metsu y La carta de Vermeer) hay también marcadas diferencias en la técnica y el estilo. Frente a los interiores plácidos de Vermeer, están las estimulantes imágenes ricas en color y contrastes. Es interesante resaltar su perfeccionismo, y la variedad de los temas que cubren todas las clases sociales.

 

Cada uno de los cuadros de Metsu es una puesta en escena del acontecer diario en los Países Bajos del siglo XVII. Las composiciones van desde representaciones al aire libre en mercados y calles hasta el interior de casas y palacios. Vemos a jóvenes y ancianos, vendedores ambulantes, taberneros y sirvientas, pobres y necesitados; caballeros, señoras envueltas en terciopelos y sedas, damas que reciben visitas, tapices, cortinas, suelos de mármol, cuadros, instrumentos musicales, detalles que destacan una clase adinerada. Mientras en otros países se introducía el dramatismo religioso en el arte, los holandeses mantenían la sensatez o querían dar muestras de ello.

 

 

 

 

 

El conservador del Rijksmuseum, Adriaan Waiboer, dice sentirse enamorado de las chicas de Metsu y estar orgulloso de la exposición (1). Ha conseguido para el museo todas las obras que él quería mostrar.  Desde todas partes ha traído cuadros: del palacio de la reina de Inglaterra, de salones, y cocinas y de los cuartos de baño de ricos coleccionistas de arte. Y ésto es ya una misión casi imposible. Todos los propietarios de cuadros tienen una relación especial con cada una de las piezas de su colección, a la que miran cada día y de la que no pueden separarse sin más. Se necesita bastante diplomacia en el trato con estos coleccionistas, y Waiboer ha dado buena muestra de ello.

 

La exposición ha descubierto a Gabriël Metsu como una persona con talento, con una obra variada y abierta a la influencia de otros artistas. Aunque empezó pintando temas religiosos y algunos bodegones y naturaleza muerta, en sus cuadros tienen un lugar preferente lo anecdótico y romántico de la vida; una jóven leyendo una carta, un mercado, una mujer vendiendo crepes, otra en la cocina, una pareja dedicada a la música, otra pareja desayunando, y tantas otras escenas que también hoy día pueden repetirse. Pero hay un cuadro con un carácter especial: un niño -o niña- enfermo en el regazo de su madre. Nos sorprende la composición, el uso de los colores rojo, azul, grises, marrones y toques de blanco en contraste con la palidez y apatía en el rostro del niño. El óleo nos muestra el amor y la preocupación de una madre ante la enfermedad de su hijo, aunque quizás el artista ha querido que mirásemos más allá de lo que está pintado; en la composición de las imágenes -la actitud de la madre, su mirada hacia el hijo, la manera que lo sostiene- podemos pensar que el pintor nos muestra una Piedad, la madre María con Jesús en sus brazos.

 

Durante el siglo pasado el nombre de Gabriël Metsu quedó en cierto modo olvidado a la sombra de Rembrandt, Hals o Vermeer. De ahí que sea tan importante esta exposición que ofrece el museo para que de nuevo su nombre y su obra vuelvan a tener el reconocimiento que se merecen.

 

*Hasta el 21 de marzo próximo en el Rijksmuseum en Amsterdam.*

 

 

(1) fuente: diario Volkskrant, 10 diciembre 2010

 

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  • Amando Carabias

    Febrero 16th, 2011

    Quizá una de las pruebas de los avances sociales en esa zona de Europa esté en el tipo de cuadros que nos han llegado, porque esto quiere decir que no solo la nobleza podía permitirse el lujo de pagar el trabajo de un pintor.
    Gracias por este artículo Pilar, pues me debí quedar en los titulares cuando explicaron esta lección durante el Bachillerato. Metsu era un perfecto desconocido para mí.

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