Todos los años se celebra en Alkmaar la victoria ganada a los españoles. El asedio a esta ciudad holandesa en 1573, como castigo a sus preferencias por Guillermo de Orange, duró siete semanas y fue el comienzo del declive del temido duque de Alba. Don Fadrique, hijo del duque, recibió el encargo de terminar con los rebeldes. Rodeados por soldados de los Tercios de Flandes, a los habitantes de Alkmaar no les quedaba otra salida que morir de hambre o de alguna bala de cañón. Pero los españoles no habían contado con el coraje de los holandeses, hombres, mujeres y niños, que se defendieron con cualquier medio que tenían a su alcance, piedras, palos, agua hirviendo y antorchas. Finalmente, y como esto parecía que no daba los resultados apetecidos, rompieron los diques que rodeaban la ciudad. El agua corrió sin límites que la sujetaran, dejando un mar de barro y lodo donde quedó atrapado todo el ejército español. La única salida para Don Fadrique fue la retirada, cosa por la que Felipe II no le quedó agradecido. Existe un cuadro de autor desconocido con una vista del asedio a la ciudad.
Al fondo, Alkmaar, la ciudad sitiada. En primera linea el campamento de los españoles. En una de las tiendas del ejército, unas mesas dispuestas lujosamente para un almuerzo, con manteles, vajillas y cubiertos. Con toda seguridad los altos cargos no pasaban hambre. Aquí la historia se hizo camino para llevarme al arte.
Hoy en Alkmaar apenas veo huellas de aquella batalla, excepto una bala de cañón de unos 20 kilos de peso, disparada por los Tercios, y que quedó incrustada en la fachada de una casa, muros con señales de ataques, alguna que otra torre, arcos y puertas de entrada a la ciudad, que en su tiempo fueron reconstruidos. Sin embargo, yo no vengo buscando esa cara de la historia. La ciudad tiene otros atractivos que la hacen interesante, como son los viejos canales, edificios e iglesias, patios y jardines interiores, cafeterías, restaurantes y tiendas, sin olvidar que Alkmaar es conocida por su mercado de quesos con más de cuatro siglos de tradición. Además, yo tengo también una cita en el museo municipal de la ciudad con Jacob Cornelisz van Oostsanen. ( Pilar Moreno)
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