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La miniatura carolingia. Por: Virginia Seguí

 

 

 

El renacimiento cultural que supuso el reinado de Carlomagno propició el desarrollo de todas las actividades artísticas, artistas de todas la partes del mundo conocido se dieron cita en su corte; en ese ambiente favorable se desarrollaron todas artes y, en especial, las artes del libro; los monasterios y abadías se convirtieron en centros de producción de manuscritos y de sus talleres y/o escriptorium salieron algunos de los mejores ejemplares del momento; tal y cómo veremos a continuación…    

 

        (Virginia Seguí)

 

 

 

 

 

La miniatura carolingia. Por:  Virginia Seguí

 

Carlomagno heredó de su padre, Pipino el breve, un reino prácticamente consolidado, pese a la poca ortodoxia con que su abuelo, Carlos Martel, había asumido el poder en el año 751 y el escaso tiempo que había tenido su padre para consolidarlo. Carlomagno supo, a través de su inmediata alianza con el pontificado, conseguir la reconciliación con la Iglesia franca lo que supuso el mantenimiento de unos derechos inicialmente usurpados y que a partir de entonces, quedaron plenamente respaldados por el papado y  los poderes eclesiásticos. 

El reinado de Carlomagno duró más de treinta años a lo largo de los cuales amplió y consolidó su reino, culminando la línea de acción iniciada ya por los Merovingios, acabando por convertir su reino en un imperio. Tras la conquista de ajonia dominó toda la primitiva Germania pagana.

 

 

Ayudando al Papa Adriano, en su lucha contra los lombardos, atravesó los Alpes y tomó Pavía, anexionándose la zona; tras lo que fue nombrado por éste <patricio de los romanos>. Estableció fronteras seguras en áreas hasta entonces peligrosas, llegando a pactos con casi todos los pueblos limítrofes ya fueran anglos, eslavos, daneses o islámicos.

Alcuino, su consejero, le reconoce como la cabeza visible del nuevo Imperio cristiano tras convertirse en: “Rey de los francos, gobernante de las Galias, Germania, Italia y regiones adyacentes”. Los carolingios se encontraban arraigados en las tierras del norte, próximas al Rin, el Mosa o el Mosela, e inicialmente su corte no era estable, sino que se movía en función de sus necesidades políticas y militares; finalmente optó por instalarse en Aquisgrán conocida también como Aix La Chapelle, donde estableció su corte e instaló su palacio; convirtiéndola en una nueva Roma; a finales del siglo VIII dominaba un vasto imperio cuyo gobierno exigirá una perfecta organización administrativa.

 

La dinastía carolingia puede considerarse, sin duda, la mayor y más sólida de las monarquías bárbaras, circunstancia que los expertos justifican por el clarividente gobierno de Carlomagno, que supo integrar en sus esquemas de poder las tradiciones germanas con los principios romanos y cristianos. Su sueño era emular a los antiguos césares lo que le llevó a crear y organizar un Imperio, en el que pudieron darse las condiciones necesarias para que en él se produjera un resurgimiento cultural, tanto de las ciencias, como de las artes y las letras.

Pese a que inicialmente Carlomagno no sabía leer ni escribir supo rodearse de los mejores intelectuales del momento, a los que convirtió en sus consejeros y preceptores de sí mismo y de sus hijos; consiguiendo irradiar un gran movimiento cultural que activó todos los campos de la cultura y que llevó a artistas y literatos a la realización de grandes obras; en lo que se ha venido llamar el Renacimiento carolingio; que, en general, los expertos dividen en dos periodos; finalizando el primero de ellos en el 814 tras la muerte de Carlomagno; a continuación se inicia el segundo período que se mantendrá vigente hasta el 877, fecha de la muerte de Carlos el Calvo; período de gran esplendor artístico pese a las dificultades que conllevó la división del imperio entre los tres hijos de Carlomagno.

Inicialmente la cultura carolingia está fuertemente influida por la herencia irlandesa y anglosajona, ya que fueron monjes de esa procedencia los que fundaron los primeros monasterios en el continente, son importantes los Monasterios de Bobbio, San Gall o  Luxeuil, en los que existieron magníficas bibliotecas y scriptorium desde los que se inició el movimiento cultural que después se expandió por toda la zona.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Eginardo, educado en el Monasterio de Fulda, fue un creador importante; su Vita Karoli Magni, es un documento de gran trascendencia histórica, ya que relata la vida del emperador siguiendo las pautas que Suetonio siguió en su biografía sobre el emperador Augusto. Rabano Mauro, abad de Fulda, fue un gran teólogo y autor de una enciclopedia: De universo; siguiendo el ejemplo de San Isidoro en sus Etimologías; es también autor del himno Veni Creator Spiritus en que hace una incursión en la poesía. Otros poetas de interés son Walafrid Estrabón y Sedulio Escoto, este último, autor del Debate entre la Rosa y el Lirio. Puede decirse que, en general, los escritores del momento presentan una importante influencia y dependencia de los autores clásicos latinos, sobre todo Virgilio y Ovidio. Su reconocimiento y devoción por las culturas de la Antigüedad clásica quedan patentes cuando para la realización de eventos poéticos o celebraciones cortesanas; y emulando lo que sucedía en las escuelas anglosajonas cada uno de estos importantes personajes es denominado como un autor clásico cuyo nombre utiliza como pseudónimo; de esta manera Carlomagno, se convierte en el rey David; Alcuino sería Horacio; Angilberto,  Homero y Teodulfo,  Píndaro; incluso sucedía esto entre algunos miembros de la familia del emperador ya que su hijo Pipino era Julio, Gisela, hermana de Carlomagno, era Lucía. Esta devoción cultural se tradujo en un movimiento que fomentó la trasmisión de los textos de autores clásicos, cuyas obras se copiaban y reproducían en los monasterios, de forma que hoy solo conservamos algunos de ellos gracias a estas transcripciones.

Una de las manifestaciones artísticas más interesantes del período carolingio es la miniatura; dado que todo este interés por la cultura condujo también a la creación de obras artísticas en todos los campos; siendo los artistas plásticos un ejemplo de ello.

Calot y Michon en su obra L’Art du livre en France al hablar de los orígenes del libro francés y, en general, del de Europa occidental, indican que los primeros ejemplos que existen en la zona datan de los siglos VI y VII; vinculando este hecho a la protección de cultura y su difusión realizada por las grandes órdenes monásticas como la benedictina; las abadías de Lexeuil y Bobbio fundadas por San Columban hacia el 529 y pronto muchas de sus filiales se convirtieron en único refugio de la civilización e indican, también, que hasta el siglo XIII todas las artes e industrias que intervienen en el proceso creativo del libro están circunscritas al ámbito monástico; así la preparación del pergamino, su iluminación, la escritura y la caligrafía; y finalmente su encuadernación eran realizadas por monjes dentro de las abadías.

 

 

Los monasterios de Luxeuil, Corbia, San Victor, Marmoutier, Fleury, Gellone, Aurignac son inicialmente fundaciones merovingias que irán creciendo hasta adquirir gran prestigio en época carolingia. Los ejemplos de miniaturas merovingias comparados con las miniaturas irlandesas contemporáneas están pobremente decorados; sus autores, iluminadores principiantes, pueden considerarse todavía torpes; aunque, sin duda, esta fase fue la que permitió a dichos artistas adquirir la práctica necesaria para desarrollar su arte con todo su esplendor durante el período carolingio.

 

 

 

En El Sacramentario de Gellone, obra de Gelasio y fechado en el siglo VII, los dibujos se distribuyen sobre el texto, aunque existan algunas páginas que se inician decoradas con caligrafía y dibujos. Su decoración conserva una cierta influencia del entrelazado céltico; y son frecuentes los dibujos de animales, pájaros y peces aparecen representados igual que los tabicados de los mosaicos o la joyería del momento; se representan también leones de ascendencia oriental; se representan arquitecturas, arcadas y columnas decoradas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La figura humana es poco representada y no son infrecuentes las escenas evangélicas. Si los dibujos son torpes no ocurre lo mismo con la caligrafía, ya que estos monjes eran expertos calígrafos, y son precisamente las características diferencias de esta caligrafía lo que, en muchas ocasiones, ha permitido a los paleógrafos la localización del monasterio en el que se realizó el manuscrito y su adjudicación a la escuela correspondiente. Utilizaban principalmente la capital para los títulos y a veces textos enteros en los manuscritos más lujosos; la uncial que presenta ya una cierta evolución hacia la semi-uncial; y la minúscula para los manuscritos ordinarios; en general la letras no están unidas, pero las palabras no se separaban y esto unido a las peculiaridades de diseño de sus artífices hace muy difícil su interpretación.

Calot y Michon mencionan la existencia de seis escuelas de miniatura carolingia: La Palatina, llamada también renana, formada por los scriptorium de las grandes abadías de la orilla derecha del Rin; la escuela del centro o de la Lorena formada por las abadías de San Martín de Tours y de Fleury; las de Reims, Metz y Corbie, y finalmente la conocida como franco sajona que reúne manuscritos realizados en Holanda, Bélgica y el norte de Francia. Esta división podríamos tomarla como básica lo que no excluye que dentro de cada uno de ellos existiesen grupos independientes en diferentes centros de producción y que cada uno de ellos presente características propias. En general no puede hablarse de unidad pues la realidad es que cada artista concebía la obra a su manera, según su procedencia, su aprendizaje, su formación y conocimientos, etc.

La existencia de una escuela de calígrafos o miniaturistas en el palacio de Aquisgrán, no está documentada; aunque la opinión general es que para Alcuino y Eginardo sería un elemento imprescindible dada su gran dedicación a la cultura y a los libros; se supone también que, sin duda, ambos invertirían gran parte de los recursos que el emperador les asignaba en la compra de libros y manuscritos ya fueran estos de procedencia oriental, bizantina y/o anglosajona. Y es muy probable que hicieran venir a expertos artistas de esas mismas procedencias para trabajar junto a ellos en un intento de crear un centro de producción propio que permitiera, a la vez, la formación de artistas locales; de esta forma estos talleres serían quizás el núcleo central de lo que se conoce como Escuela Palatina que ubicados en Aquisgrán serían el foco artístico más próximo al emperador. No obstante es difícil asegurar la procedencia de cada obra debido, como hemos dicho, a la acumulación de ellas que Carlomagno llego a atesorar; su testamento, mencionado por Eginardo, contiene una frase significativa en este sentido: “Los libros que ha reunido en gran número para su biblioteca ha decidido que podrían venderse a su precio justo y que los productos de la venta debían distribuirse entre los pobres

 

 

Dos son los libros que con seguridad estaban en Aquisgrán en vida del Emperador; aunque no conste en ellos referencia alguna sobre su lugar de ejecución; uno es el evangeliario que el emperador Oton III encontró al abrir el sepulcro de Carlomagno en el año 1000, conservado actualmente en Viena ya que a partir de entonces, y durante toda la Edad Media, fue utilizado en el ritual del juramento del cargo de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico; pasando por ello a denominarse Evangeliario de Viena o de la Coronación, es de grandes dimensiones, con solo cuatro miniaturas de los evangelistas que aparecen sentados de perfil e inmersos en escuetos paisajes secos con escasa vegetación y sin arquitecturas e inscritos en sencillos marcos. En ellos se detecta una tradición helenística lo que permite deducir a los expertos la pervivencia de esta cultura en Constantinopla pese a la querella iconoclasta. Este hecho también parece confirmar lo antes mencionado sobre la existencia de artistas de diversas nacionalidades, como griegos o sirios, en la corte carolingia. De hecho en una de las hojas del manuscrito consta el nombre Demetrius presbytero, que probablemente indica el del copista o miniaturista que lo realizó dejando traslucir, a la vez, su ascendencia griega

 

El Evangeliario de Carlomagno o de Godescalco es uno de los mejores trabajos realizados en esta escuela; como se desprende de su denominación el manuscrito está dedicado al emperador y realizado por Godescalco. Su formato es a página completa; en la que los evangelistas aparecen enmarcados por una cenefa decorada con temas de tipo vegetal y/o geométricos; aparecen sentados y en actitud de escribir portando en una mano la pluma y en la otra un tintero; miran al espectados e inclinan su cabeza hacia su símbolo parlante. En su colorido dominan los ocres aunque aparecen también azules, dorados y púrpuras.

 

 

 

 

 

 

 

 

La pintura todavía es bastante plana aunque los artistas se esforzaron por superar el carácter bidimensional de las escuelas insulares coetáneas, buscando mediante la aplicación de los colores un efecto de modelado que diera a la profundidad espacial volumen corporal; la línea del dibujo está cuidada tanto en el contorno de las figuras como en los plegados de sus ropajes. La obra contiene también una representación de Cristo y una Fuente de la Vida, tema que aparece  por primera vez en occidente y que servirá de modelo para las que irán apareciendo a partir de ahora; el poema final nombra a Godescalco, donante y copista del manuscrito; quien lo realizó por encargo e iniciativa de Carlomagno entre 781 y el 783, cuando el monarca inició su expedición a Roma tras la muerte de su esposa Hildegarda. La figura de Cristo es interesante, ya que representa un Cristo entronizado e imberbe de tradición helenística en una composición simétrica y todavía bidimensional; enmarcado con una cenefa decorada con dibujos florales y geométricos, estos últimos de clara ascendencia anglosajona.

 

 

En la capilla palatina de Aquisgran se conserva un tercer manuscrito conocido como los Evangelios de la Cámara del Tesoro, al parecer creado a principios del siglo IX por algún miembro de la escuela palatina anticipando lo que luego veremos en la escuela de Reims; contiene tablas de concordancia y una única miniatura en la que aparecen los cuatro evangelistas, vestidos de blanco distribuidos de forma simétrica en una especie de paisaje imaginario; rocoso, que posiblemente recrea alguno real de la zona del Rin, acompañados de sus símbolos parlantes. Podemos verlos sentados sobre pequeños pupitres; dos de ellos de perfil y dos de frente, cada uno escribe su texto evangélico como recogido en sí mismo y encuadrado por las rocas circundantes que forman una especie de bóveda imitando un conocido procedimiento pictórico alejandrino; una elevación del terreno que aísla e individualiza el espacio para cada uno de ellos; la imagen de los cuatro se enmarca con líneas doradas entre bandas azules; su diseño y ejecución se vincula también con la pintura ilusionista de la Antigüedad clásica tardía. El dibujo no es tan nítido como el de los ejemplos anteriores, existe una falta de detallismo en la ambientación que hace la representación más expresionista y da una mayor sensación de masa.

Otra escuela de miniatura carolingia de la región del Rin estuvo ubicada en Trèves, ciudad muy próxima a Aquisgran; donde al parecer existía otro taller y donde se realizó el famoso códice que perteneció a la princesa Ada, al parecer hija natural de Pipino y  hermanastra de Carlomagno. La dedicatoria de la obra permite deducir que fue abadesa ya que habla de ella como mater Ada, ancilla Dei; vivió en la zona de Ingelheim a principios del siglo IX. La obra solo contiene las imágenes de los cuatro evangelistas; en este caso visten mantos de colores y escriben en un edículo con cubierta sostenida por columnas corintias, que sostienen un frontón que los enmarcan y en el que se inscriben sus símbolos parlantes identificándolos; la escena es mucho más monumental al igual que sus asientos y tienen al lado pupitres con el recado de escribir.

 

 

 

 

A esta misma escuela pertenece también el códice denominado de Lorsch  realizado alrededor del 810, contiene seis miniaturas y doce tablas de concordancia; en un catálogo realizado en el Vaticano en el 830 aparecía citado como Evangelium scriptu auro pictum habens tabulas eburneas y permaneció en la biblioteca de la abadía al menos hasta el siglo XV; fue realizado a dos columnas y con letras de oro; la primera parte de la obra contenía las tablas de concordancia inscritas en las tradicionales decoraciones arquitectónicas, en esta ocasión más historiadas y clasicistas, que sostienen un friso con escenas evangélicas, las imágenes de los cuatro evangelistas y una Majestas Domini. Su filiación es nuevamente clásica y vinculada a la Antigüedad tardía, columnas corintias con fuste de pórfido, arcos con ornamentos florales en las enjutas de los arcos.

Es interesante la representación de Cristo en majestad ya que se trata de un trabajo de imitación de la orfebrería contemporánea, un Cristo imberbe se enmarca en un doble círculo decorado con piedras preciosas que alternan con dibujos de los evangelistas y sus símbolos parlantes asemejando esmaltes; y trabajos de filigrana de filiación anglosajona. Uno de los frisos, el que se encuentra formando doble página con San Mateo al inicio de su evangelio, representa la parentela o árbol genealógico de Jesús, Cristo, nuevamente en majestad e inscrito en un círculo preside la escena.

Estos códices se vinculan con la Antigüedad tardía; ya que la primera obra que contiene imágenes similares es el códice Rosano, de origen sirio; en la zona de Alejandría los evangelistas aparecían representados de pie. El hecho de enmarcarlos en arquitecturas lo encontramos también en el Evangelio de Rábula. Y en las obras de escuela de Trèves o de Ada reaparece el tema de los cánones o concordancias muy frecuente en obras sirias o bizantinas

 

 

Una obra interesante, al parecer realizada en los últimos años de la vida de Carlomagno son los Evangelios de Saint-Médard de Soissons, fechados en el 827 siendo los donantes el emperador Ludovico Pio y su esposa Judith que regalaron, entre otras riquezas, este códice a la Iglesia de Soissons a la que se llevaron los restos del santo, según narración del monje Otilo en el año 930; según él estos presentes habrían pertenecido a Carlomagno. Contiene 6 miniaturas a página entera y doce tablas de concordancia. Están escritos en oro con lujosa encuadernación y casi por completo en uncial dorada sobre páginas de pergamino. Las tablas de concordancia contienen columnas rectas y torneadas rematadas con elegantes marcos y capiteles, escenografía arquitectónica de inspiración clásica. Una de las páginas contiene una composición arquitectónica teatral dividida en tres zonas, en la parte inferior la arquitectura propiamente dicha inspirada en el mundo clásico y la pintura arquitectónica romana que aparece detrás de cuatro columnas corintias de fuste torneado sobre las que se despliega una tela, convencionalmente doblada y de cierto aparato, que acaba por enroscarse sobre las de los extremos conduciendo la mira del espectador hacia el interior de la imagen; sobre ellas un friso en el que aparece un tetramorfos en imágenes clipeatas; que dirigen su mirada hacia el espacio superior en el que encontramos otro friso con la imagen apocalíptica de la adoración del Cordero por los veinticuatro ancianos; en una especie de movimiento ascendente. Otra de las imágenes interesantes es la de la Fuente de la Vida, que aparecía ya en el Evangeliario de Gondescalco, sin figuración humana, simbolizando la vida eterna, con reminiscencias orientales; una exedra rematada con una corona sobre las que descansa una cruz y sostenida por ocho columnas que rodean la fuente; aparecen varios tipos de animales entre ellos ciervos, cigüeñas, palomas, cisnes, cabras a veces afrontados; simbólicamente relacionados con la vida eterna, la resurrección y el bautismo al igual que la fuente. Ya el Antiguo Testamento nos habla del manantial de donde surgen las aguas de la vida y de los cuatro ríos del Paraíso; a partir del siglo IV simbolizará también a los cuatro Evangelios que resucitan al fiel a una nueva vida.  

Otra escuela interesante es la escuela de Reims, creada por el obispo Ebo hermano de leche del emperador y bibliotecario en Aquisgrán hasta su elevación al cargo; estando su estilo vinculado a la escuela palatina. Los expertos sitúan su realización entre los años 815 y 835 que fueron los que se mantuvo en el cargo de obispo, pues luego fue desposeído de su mitra y desterrado de la corte. Él mismo nos informa en una epístola que encargó el libro al taller del monasterio de Hautvillers, próximo a Reims. Está realizado en pergamino blanco sobre el que destacan sus doradas letras. Los evangelistas visten de blanco al igual que los de la escuela de palacio y que los filósofos de la Antigüedad y se encuentran enmarcados en espacios al aire libre, sin edículos ni kioscos; lo más significativo de la escuela es la extraña agitación de sus líneas, que afectan a todos los elementos tanto animados como inanimados; los evangelistas parecen estremecerse embargados por un frenesí que comunican a sus ropajes, a los muebles y al propio paisaje; en un ejercicio de expresionismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

La obra maestra de esta escuela es un famoso salterio conservado en Utrech; carece de color, está ejecutado a pluma igual que la caligrafía; son simples trazos, estado afectados los dibujos de esa agitación propia de la escuela de Reims; reproducen la  arquitectura carolingia en una especie de frisos que ocupan todo el ancho de página, las escenas pueden ser independientes o relacionarse unas con otras siguiendo el relato.  El texto se ejecuta en tres columnas por encima o por debajo del friso de imágenes. Esta obra ha sido relacionada por con un salterio bizantino de los llamados de tipo popular dado su similar planteamiento.

 

 

 

 

 

 

La escuela de Metz está asociada a un hijo natural de Carlomagno, quien al parecer tras la muerte de su mujer tuvo varias concubinas y de una de ellas, llamada Regina, nacieron dos hijos Drogón y Hugo; el primero de ellos llegó a ser obispo de Metz entre los años 826 y 855, creando una taller de miniatura. El Sacramentario de Drogón es una de las obras realizadas en él; pese a carecer de imágenes a toda página, contiene una decoración interesante en las iniciales, que suelen contener pequeñas escenas narrativas o cuadros de gran animación. Se considera el inicio de la codificación de lo que después será la iconografía románica; la decoración no sólo es figurativa sino que aparecen con frecuencia temas decorativos vegetales de ascendencia clásica.

 

 

 

 

 

 

La escuela de Tours está, sin embargo, alejada del Rin, son las aguas del Loira las que bañan sus tierras, en la zona existía actividad artística desde época romana; los ejemplos anteriores a la época carolingia se realizaron ya en los talleres del Monasterio de San Martín de Tours y/o en el del cenobio vecino de Marmoutier. En el año 796 Alcuino se retiró al monasterio de Tours; el emperador le premió con la mejor y mas rica de sus abadías; llegó a ella enfermo de malaria, al parecer contraída en Roma y pronto notó el descenso cultural respecto a Aquisgrán esto suponía; aunque sus iniciativas y actividades pronto mejoraron la situación; hizo traer libros y manuscritos procedentes de su antigua diócesis anglosajona de York; y aunque las producciones de su scriptorium, en sus inicios, no contienen miniaturas y no pueden competir por ello con las de  las escuelas de Reims, Metz, Trèves o Aquisgrán, no tardarán en estar a su altura y desde mediados del siglo IX sus creaciones irán adquiriendo importancia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre las obras adscritas a esta escuela, destaca la  primera Biblia de Carlos el Calvo o la Biblia de Vivian, conde y abad lego del monasterio entre el 844 y el 851; es una obra lujosa que destaca por su caligrafía en minúsculas y capitales rústicas. Contiene cuatro tablas de concordancia con marcos ornamentales y capitulares de distintos tamaños que enriquecen la obra; aunque la figuras sean mucho más pequeñas que en las obras anteriores, el estilo es mucho mas íntimo, los personajes menos aristocráticos, y el estilo mucho más narrativo. Ocho miniaturas a toda página; entre las que destaca la que representa al emperador en lo que podríamos considerar una especie de crónica histórica, ya que la escena relata cómo bajo una especie de baldaquino recibió de manos de los monjes de Marmoutier el libro que habían decorado para él una vez acabado. Se diversifica la decoración introduciendo alegorías en las enjutas de los arcos de medio punto que enmarcan la escena; apareciendo en la zona más alta y central de la página una dextera domini. Fue, al parecer el maestro C. el creador de las imágenes de la vida de San Jerónimo, el rey David, La Majestas domine y la imagen de dedicación. Es interesante la representación del rey David; ya que le vemos tocando el arpa inscrito en una amplia mandorla de fondo azul; cubierto tan sólo por una exigua capa o lienzo y coronado con una diadema; bailando y tocando al son la música rodeado de otros cuatro músicos y dos militares; en las enjutas las representaciones alegóricas de las virtudes cardinales, portando una palma. La vida de San Jerónimo esta narrada en tres franjas horizontales formando una historia, la indumentaria es contemporánea permitiendo apreciar la moda de la corte carolingia.

 

El Evangeliario de Lotario, se encuadra también dentro de esta escuela, hoy día conservado en la Biblioteca Nacional de París; realizado bajo la dirección de Sigilaus por orden de Lotario y en honor de San Martín de Tours; en un intento de adquirir prestigio y como testimonio de su cultura y de su interés por las artes; al parecer su realización fue posible gracias a la reconciliación con su hermano Carlos el Calvo; propiciada por el peligro de las invasiones normandas del año 849. Es una de las más lujosas obras del período; en su inicio un retrato de Lotario vestido como un cónsul sentado en su trono y rodeado de dos de sus guardias o chambelanes intentando emular al emperador de Bizancio; el artista intenta retratar a los personajes, las cabezas tienen rasgos parecidos, el trono enmarca al rey y crea espacio al curvarse haciendo una especie de semicírculo. Otra de las páginas contiene a Cristo en majestad rodeado de los atributos de los evangelistas y a continuación los cánones. Algunos de los Evangelios están precedidos de una división de sus capítulos encuadrados y distribuidos de forma similar a como habitualmente van los cánones; las imágenes de los evangelistas y grandes iniciales de oro a toda página.

 

Otra escuela de cierta importancia es la de Corbie y una de las obras más importantes adscrita a ella es el Salterio de Carlos el Calvo, escrita por Liuthard entre el 842 y el 869. Enteramente realizado en uncial y minúscula y con lujosas iniciales de oro sobre fondo púrpura; con ilustraciones a toda página del rey David y sus músicos, el rey Carlos el Calvo en su trono y San Jerónimo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es indudable que podríamos seguir citando obras y hablando de ellas ya que es bastante numeroso su número; pero creemos que con las citadas y descritas queda clara la destreza y riqueza de matices que los artistas consiguieron adquirir, propiciado todo ello por la renovación cultural que supuso el reinado de Carlomagno y de sus descendientes; proceso que no en vano ha sido calificado por los expertos como el  Renacimiento Carolingio.

 

BIBLIOGRAFÍA 

AA. VV. Arte Bárbaro y Prerrománico. Summa Artis. Historia General del Arte. Tomo VIII. Ed. Espasa Calpe. Madrid. 1991

Beckwith, John. Arte Paleocristiano y Bizantino. Ed. Cátedra. Madrid. 1997

Celot, F y Michon, L-M. L’Art du livre en France. Libraire Delagrave. París 1931

Ingo, F Walther y Wolf, Norbert. Obras maestras de la iluminación. Taschen. Colonia.2003

Kinder, H. y Hilgemann, W. Atlas histórico mundial. I. De los orígenes a la Revolución Francesa. Ed. Itsmo. Madrid. 1979

Martín de Riquer, José María Historia de la literatura Universal. Literaturas Medievales de transmisión oral. Tomo II. Ed. Planeta. Barcelona. 2003

Porcher, Jean. Les manuscrits à peintures en France du VIIème au XIIème siècle. Catalalogue Exposition, Paris. Bibliothèque nationale, juin-septembre. 1954

 BASES DE DATOS Y DE IMÁGENES CONSULTADAS.

Biblioteca Nacional de Francia

Gallica. Biblitheque Numérique. Francia

Patrimonie Numérique de Francia

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  • mcjaramillo

    Septiembre 8th, 2010

    Querida Virginia: como siempre, tu trabajo es exhaustivo y amenísimo. Es lo mejor que he leído sobre las miniaturas carolingias.
    Hay que darte las gracias.
    Un abrazo.

  • Pilar

    Septiembre 9th, 2010

    Es incrreible las maravillas que hay en este género. Son verdaderas preciosidades. He tenido ocasión de ver algunos trabajos en diferentes museos y siempre me ha asombrado la perfección con que trabajaban.

  • Marina

    Septiembre 15th, 2010

    Buen trabajo: Virginia, Me apasiona la historia de Carlomagno y su descendencia. Gracias por traerla aquí, en una excelente presentación. Un beso.

  • Carmen Amaralis Vega

    Septiembre 28th, 2010

    Querida Virginia, me encanta el contenido y la forma de tus artículos, aprendo mucho. Son excelentes, gracias, Carmen Amaralis

  • cauchil

    Octubre 4th, 2010

    Excelente trabajo. Documentado y muy bien ilustrado, ameno y didáctico. Gracias, porque difundes y nos atrapas con aspectos del arte no siempre valorados en su justa medida. Todavía encuentro aquello de “artes mayores y menores”, yo, prefiero otras denominaciones.

  • Marina

    Octubre 4th, 2010

    Hola: Virginia, cuanta historia nos presentas de forma clara y minuciosa.
    Apasionante la época carolingia, en la que verdaderos artista- miniaturitas trabajaron mucho tiempo si recibir el merito que se merecían. Mi enhorabuena y gracias por presentarlo aquí para nuestro deleite. Un beso.

  • Flamenco Rojo

    Octubre 15th, 2010

    Impresionante trabajo…

  • luis fernando

    Noviembre 8th, 2010

    sigo recreandome con vuestro escritos.Desde Candelaria,un abrazo fuerte

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